lunes, 26 de diciembre de 2016


         CATASTROFISMOS Y EL MUNDO POSIBLE

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Obviamente, si lo ves, por ejemplo, desde las ruinas y las calamidades inconmensurables de una ciudad como Aleppo, el mundo es una desgracia, un fracaso, y pocos motivos habría para pensar el futuro con optimismo.
Y ciertamente, tenemos al frente de nosotros, en general, situaciones sociales en el planeta muy lamentables, que demandan remedios urgentes.
Los pesimistas contribuyen mucho a profundizar un entorno desesperanzador, cuando siempre subrayan lo peor, y en el mejor de los casos, los vasos medio vacíos.
Los demagogos y populistas, desde sus intereses políticos particulares y cálculos electorales,  resaltan en todo momento lo malo, y hasta enormes mentiras fraguan, todo con el objetivo claro de tomar el poder a como dé lugar. Trump es el ejemplo más reciente, y ni hablar de los lideres de países en los que hay elementos reales para alimentar la retórica apocalíptica. Los que hoy gobiernan a Venezuela llegaron al poder inventando o exagerando los problemas que nadie negaba.
No obstante, puede afirmarse que el mundo, en general, no está peor que antes como los agoreros y catastrofistas gustan de echarnos en cara. Y no es verdad que todo tiempo pasado fue mejor.
In the long run, si a las cifras duras nos remitimos, el panorama no es tan sombrío como hace 100 años o más, a pesar de que persisten asuntos graves que requieren soluciones.
Se  ha pretendido atribuir a la interdependencia global -la globalización- casi todos los males que hoy padece el mundo. Claro, ella no es un lecho de rosas. Como la vida, tiene sus retos amenazadores,  duros obstáculos a superar, pero en su mayoría predominan los aspectos beneficiosos, que sólo hay que potenciar, contrarrestando o minimizando los que puedan perjudicarnos, en tanto que país, empresa o individuo.
Malas noticias siempre hay y las habrá. Situaciones tristes y lastimosas observamos en muchas regiones del mundo. Sin embargo, estamos convencidos de que ellas no son tanto por causa exclusiva de la globalización como de condicionantes internos a los países, de las erradas políticas gubernamentales, entre otros factores.
Recientemente fue publicado un cuadro comparativo entre los comienzos del siglo XIX y la actualidad, sobre 6 aspectos sociales: pobreza extrema; educación básica; alfabetismo, democracia, vacunaciones y mortalidad infantil. La conclusión es que el mundo ha avanzado y mejorado sustancialmente en esos rubros. De ellos, el más rezagado en términos relativos, es el de la democracia.
Aún, no hay duda, debemos avanzar en esos campos y muchos otros.  
Graves e ingentes problemas requerirán de muchos esfuerzos de los gobiernos del orbe. Sólo la cooperación y la integración estrechas entre ellos tienen la capacidad de propiciar con mayor celeridad  su resolución. Sin amplio diálogo e intensa confluencia en la acción, los caminos no se abrirán y la aplicación de los correctivos se demorarán. 
Nuestro planeta tiene ante sí grandes desafíos: ideologías políticas siniestras, terrorismo, tribalismos nacionalistas exacerbados, enfermedades, proliferación de armamentos de destrucción masiva, delincuencia transnacional y los derivados del comercio ilícito, los cuales, para enfrentarlos, exigen de los países vías de concertación efectiva. Es probable que esta visión consensuada y compartida se logre, principalmente, entre grupos de países que estén dispuestos a asumir de forma realista la cooperación como medios para ello. Solo queda esperar que un número creciente de ellos se incorpore de manera decidida a esa tarea impostergable.  
En nuestro hemisferio, a pesar de las frustraciones y desencuentros, pueblos, organizaciones y líderes que hacen vida en él tienen una grave responsabilidad. Se ha construido por décadas una institucionalidad que persigue el entendimiento entre los países, la unión económica y la paz, y aunque adolece de insuficiencias y fallas, es menester superarlas con sentido de responsabilidad y no con afán destructor, toda vez que hacia adelante no hay más que un futuro juntos. “Todos somos americanos”, Obama dixit.
Por los siglos de los siglos vamos a convivir, más allá de las diferencias, de allí que la supresión de las confrontaciones inútiles, el trafico de ideas y el incremento del intercambio económico sean las claves de un porvenir provechoso. 
Popper dijo una vez que “El optimismo es un deber y el futuro está abierto”. 
Aquí no aludimos a un optimismo al margen de las realidades, a fantasías irrealizables.   
Y más allá de aquel ‘deber’, hay cifras reales confiables que nos indican que el mundo va dejando atrás sus males. Que un mayor número de personas accede a estándares  superiores de salud, educación y tecnologías.
No se trata de estar conformes ni de entregrarse a una vida inerte en espera de que un supuesto curso inexorable de la vida conducirá a un mundo más habitable para todos.
Pero tampoco debemos permitirnos caer en el nihilismo absoluto, y ser presas fáciles de los catastrofistas, a quienes nada les acomoda y se niegan a reconocer los progresos concretos del ser humano, inmersos como están en utopías insensatas y en la búsqueda de mundos perfectos imposibles, que conducen a infiernos sociales, éstos sí, muy reales.

EMILIO NOUEL V.

@ENouelV