miércoles, 15 de enero de 2014

                                 LAS INSIDIAS DEL DIÁLOGO 

                                         


"Nunca se debe atacar por cólera y con prisas. Es aconsejable tomarse tiempo 
en la planificación y coordinación del plan."

Sun Tzu

Unas cuantas cosas se han dicho y escrito acerca de entablar en el país un diálogo gobierno-fuerzas democráticas, habida cuenta de la crisis político-económica-social, cuyo agravamiento se hace cada día más patente.
Los polos políticos que rivalizan prácticamente están igualados, pero uno de ellos, que se apropió de las palancas de mando institucionales y de los recursos, desequilibra la contienda. Y es un dato de la realidad que son utilizados de forma autoritaria y desde una concepción ideológica totalitaria.
A pesar de que ha hecho todo lo posible, el poder establecido no ha logrado aplastar a los sectores democráticos. 
Vivimos una situación en que dos grandes porciones están enfrentadas, que en lo electoral se equilibran, aunque el poder de una de ellas, en lo institucional, no se reconoce.
La oposición ha venido predicando desde hace varios años la necesidad de concertarse frente a los grandes problemas, lo cual pasa por su reconocimiento en las distintas instancias públicas, y sin que ello implique rendir banderas, todo dentro de una estrategia constitucional, democrática, electoral y, sobre todo, pacífica.  
Es sólo en estos últimos tiempos que pareciera que ese llamado tiene alguna resonancia en sectores del gobierno. Las posiciones impermeables a esa necesidad estarían cediendo, no tanto porque haya una vocación allí para el compromiso democrático civilizado, como porque las circunstancias los obligan.
Los enemigos del diálogo están a ambos lados de la calle.
No sólo en el campo opositor se han manifestado posiciones contrarias a que el diálogo tenga lugar. Como siempre, en estos casos en que la política y no los hígados debe tomar la batuta para los necesarios acuerdos mínimos, los extremismos afloran. Son los que enloquecidamente buscan un enfrentamiento definitivo, suma cero, incluso violento, no importándoles las consecuencias.
Las aberraciones de estos inconscientes son tales que hace poco un opositor se preguntaba hasta cuándo se iba a posponer las muertes, si después de todo han sido asesinados por el hampa durante este gobierno, 200.000 personas. ¿Estará en sus cabales este señor cuando se aventura a plantear este tema de manera tan monstruosa? ¿Se habrá detenido a pensar que en esas muertes que “estaríamos” postergando al no salir a la calle a tumbar el gobierno, podría estar su hijo, hermano o él mismo?  
Un eventual diálogo no puede ser abordado desde posiciones cerradas e inconmovibles, de “tómalo o déjalo”. Cada una de las partes tiene sus aspiraciones e intereses, y también toda parcialidad anida problemas y contradicciones a su interior.
Pero por encima de ellos están los problemas de la sociedad como un todo, sobre los cuales, obviamente, hay distintas visiones.
Cierto, hay temas en los que no habrá acuerdos. Las ideologías enfrentadas no conciliaran. Hay talantes que serán difíciles de avenir, y no estamos lidiando con un gobierno democrático.
Si éste pretende reforzar su autoritarismo y deseo de borrar del mapa político a la oposición, será muy dificultoso cualquier regularización de los antagonismos. Si la oposición plantea, de arrancada, que sólo se puede hablar a partir de que el gobierno deje de ser lo que es o que se vaya de una vez, tampoco podrá haber diálogo.
Desde la oposición organizada se sabe a qué nos enfrentamos. Se equivocan de medio a medio los que llaman de forma insidiosa comeflores, ingenuos, entregados o claudicantes a quienes nos representan en la contienda política nacional porque están abiertos al diálogo.
Sin un esfuerzo que apunte a poner de acuerdo los dos polos enfrentados, la alternativa es el choque frontal, el caos, que a nadie favorecerá.
La oposición ha tenido la oportunidad de hablar y de hacer planteamientos concretos en las reuniones realizadas. Eso no significa necesariamente que los problemas estén en vías de solución o de que el gobierno cumpla lo prometido. Aun hay mucho trecho por recorrer, y el escepticismo no nos abandona todavía.
Los que no ven más que salidas definitivas de manera perentoria, es decir, la caída del gobierno ya, obviamente estarán en contra del diálogo.
Los impacientes e irreflexivos que insultan y escarnecen por la redes sociales y en artículos de opinión kilométricos, farragosos y en tono de Venezuela Heroica, a la dirigencia opositora; los del “todo o nada”, llenos de amargura y odio, que se ufanan de ser “radicales” y supuestamente “principistas”, son, por suerte, minoritarios.    
A ellos les recuerdo un pasaje de El Padrino en el que Michael Corleone (Al Pacino), le dice a su sobrino Vincent (Andy García), muchacho impetuoso, inexperto e imprudente, un “radical”, pues, palabras más, palabras menos, que la ira hace cometer muchos errores.
El sobrino de marras tenía un pronto, como dicen los españoles, que lo hacía caer en atolondramientos reiterados. La “sabiduría” y paciencia que había aprendido Michael de Don Vito, lo tenía en la cima del poder. Para él, no había que apresurarse en la toma de decisiones, el mismo resultado se podía lograr sin desbocarse, con cálculo y premeditación; al final el adversario sería barrido. 
Obviamente, no es aquella, la de la paciencia y la cabeza fría, una enseñanza exclusiva para el crimen. Es máxima también en la lucha por el poder político, desde que el mundo es mundo.
En la compleja política venezolana, abundan inmaduros y temerarios como Vincent, que se dicen puros, por contraste con supuestos traidores que se arrodillan en lugar de enfrentar sin dar cuartel al adversario. Provistos de una retórica maniquea, apocalíptica y fundamentalista, no pueden ver con claridad las opciones reales de salir de la crisis que vivimos.
A casi ninguno de estos comecandela se les ve organizando un partido o un movimiento. Su activismo de teclado se reduce a echar sombras de manera obsesiva sobre la honorabilidad de los dirigentes políticos que todos los días hacen cosas, acertando o errando, pero, en definitiva, actuando sobre la realidad.
Ojalá, más pronto que tarde, comprendan de qué trata la política.

EMILIO NOUEL V.
@ENouelV