lunes, 18 de noviembre de 2013

MILICOS PREÑADOS





Comprendemos perfectamente las angustias de gran parte del país sobre las calamidades presentes y el sombrío futuro que se dibuja en el horizonte, de seguir el gobierno profundizando el desquiciamiento del entramado político-económico-social de la nación, sin veamos una señal de racionalidad en él.


No es para menos. La situación general alarma. Una tropa incompetente y depravada ha venido, por más de una década, demoliendo las instituciones y la base productiva con un empeño digno de mejor causa.

Cualquiera, con razón, se impacienta ante tal cuadro de espanto, que podría empeorar si quienes estamos obligados política y moralmente para impulsar los cambios nos entregamos o echamos a morir.

Impotencia y desespero nos pueden inclinar a creer en salidas políticas “expréss”, en soluciones mágicas que arranquen de cuajo lo que consideramos raíz causal de los males que padecemos.

Pero las cosas no son así de sencillas. Problemas complejos tienen soluciones fáciles pero casi siempre equivocadas. Sobre todo en circunstancias como las que vive Venezuela, en las que hay un gobierno que goza del apoyo de una importante porción de la población, que ronda más o menos el 40 % del electorado, lo cual, en un análisis político serio, no puede ser desdeñado alegremente. Además, está al frente de un Estado con enormes recursos financieros, una institución armada mediatizada y/o ideologizada, apoyos internacionales importantes y la vista gorda de unos cuantos mandatarios.

Cualquier agenda o acción política de las fuerzas democráticas debe pasearse por esa realidad, nos guste o no, pues ella nos muestra la dimensión del problema.

Para ello hay que disponer de una enorme voluntad para tener la cabeza bien puesta y fría, aun cuando haya fundadas razones para encolerizarse y rebelarse.

Para recuperar la democracia se precisa de una estrategia política bien diseñada y ejecutada, asumida, no desde la impaciencia y el ofuscamiento irracional, sino a partir de una valoración sosegada y realista.

En los días que corren, leemos en los medios y redes sociales opiniones que anuncian abiertamente posibles pronunciamientos de milicos que estarían descontentos con el gobierno de Maduro, y no dejan de ser risibles tales “secretos a voces”.

Este país sería el primero en el que los golpes de Estado se anuncian públicamente en diarios de circulación nacional con varios meses de anticipación. “Para antes del 8D, tumbarán a Maduro” se oía en corrillos hace unas semanas. Ahora los “bien informados” rectifican: “Será para después de las elecciones”. “En Enero es la cosa”, dicen otros. “Que van a suspender las elecciones del 8D”, se oye mas allá.

La última fábula es que unos militares venezolanos se habrían sacudido el yugo cubano, y que un general habría ido a La Habana a hacérselo saber  a los Castro. (¿?)  A partir de esta participación, Maduro tendría los días contados para su defenestración (solicitud de renuncia u otra modalidad). ¡Bullshit!

Asombra que estas historias fraguadas por mentes delirantes alcancen difusión y creencia en gente de nivel profesional e intelectual por encima de la media.

Soy de los convencidos que si algo de eso se estuviera planificando, el último en enterarse sería el 99 % de los venezolanos el mismo del día del evento. Y me temo que una aventura golpista de ésas no duraría ni 3 días.

Ciertamente, en el país del rumor, la rebatiña y la maledicencia, todo es posible.

La oposición política venezolana, con todo y sus defectos, ha sabido configurar una estrategia y un centro de dirección que curiosamente son ampliamente encomiados en el exterior, pero torpedeados de forma suicida por la antipolítica y el aventurerismo político en casa. Lo alcanzado por la MUD en Venezuela, a pesar de su gran trascendencia, pareciera no ser comprendido por algunos exasperados y delirantes, que también los tenemos en la oposición.

La recuperación de la democracia en nuestro país es faena larga. No hubiéramos querido que fuera así. Pero eso es lo que nos ha tocado. Los atajos que algunos quieren tomar pudieran ser peores y no resolverían el problema.

El que siga creyendo en “milicos preñados”, que se baje de esa nube y vuelva a la realidad. Un golpe militar de vida muy efímera, si es que se llegara a producir, no sería la solución al gobierno militar que estamos sufriendo. No lo aceptarían los venezolanos, tampoco lo avalarían en el exterior. Sólo un gobierno civil, producto de la una salida democrática, constitucional, electoral y pacífica, puede enrumbar a Venezuela.

En cualquier caso, sin una dirección política clara, como ha demostrado ser la MUD, tanto los que andan detrás de atajos militaristas como los que piden salidas locas a la calle sin objetivo alguno, si bien movidos por buenas intenciones, parecieran no ver la inutilidad de tales iniciativas, al margen de una estrategia y acciones concertadas por los actores políticos organizados, los partidos. Sin éstos, acciones aisladas, anónimas y espontáneas son ineficaces y no tendrán consecuencias políticas prácticas.


EMILIO NOUEL V.

@ENouelV