martes, 12 de noviembre de 2013

INTERROGANTES SOBRE EL MERCOSUR

                                          

En días pasados fui distinguido con una invitación que me hizo CONINDUSTRIA para presentar algunas reflexiones sobre Mercosur, su futuro y lo que pudiera obtener Venezuela con su reciente ingreso.
Comparto la opinión de algunos especialistas de la región en el sentido de que ese bloque de comercio ha sido una buena idea pero mal instrumentada, y hoy se encuentra estancado y con tendencia hacia el aislamiento por parte de algunos de sus miembros.
Después de más de dos décadas de existencia, el mercado común proyectado no se ha concretado, y sólo existe una unión aduanera imperfecta, con retrocesos recientes.
Mercosur adolece de un “defecto de fábrica” que no ha sido corregido. La “alergia” a la supranacionalidad ha representado un importante obstáculo para su perfeccionamiento institucional, a pesar de que ha tenido éxitos relativos en términos de creciente intercambio comercial y acercamiento de las economías de los países que lo conforman.
No obstante, los socios principales del bloque siguen estando fuera de su seno (Europa, EEUU y China). No llega al 20 % del total del comercio de los países miembros el que se realiza a lo interno de Mercosur.  De los 350.000 millones de dólares de su comercio exterior, 55.000 se hacen en el bloque, correspondiendo de esta cifra, aproximadamente, 46.000 millones a Brasil y Argentina.
La referida alergia tiene que ver con la demora en poner en vigor las distintas normativas aprobadas, que luego no son ratificadas con celeridad por los parlamentos de los países. Más o menos en un 50%, ellas no están vigentes, incluso, después de muchos años de sancionadas por los órganos mercosurianos. Esto dice mucho de la fragilidad del desarrollo institucional del proceso.
No existe una jurisdicción obligatoria a la que se deba necesariamente recurrir a la hora de las controversias entre sus miembros. Éstos pueden elegir el foro para dirimirlas, incluso pueden apelar a un ente externo como es la OMC.
Los Estados -sus gobiernos- son los que determinan el curso de la dinámica dentro del bloque. No hay órganos autónomos e independientes que puedan impulsar o imponer acciones, políticas, normas o decisiones jurisdiccionales vinculantes.   
En el entorno global y regional actual, hay opciones nuevas con las que Mercosur deberá competir. El Acuerdo del Pacífico (México, Colombia, Perú y Chile) es una, cuya proyección se notó en la reciente y deslucida Cumbre Iberoamericana. Nos enteramos, incluso, que España pidió ser miembro de ese Acuerdo. Costa Rica y Panamá están por ingresar allí.
Desde EEUU se impulsa una iniciativa hacia el Pacífico (Acuerdo de Asociación Económica Estratégica Transpacífica) a la cual se están incorporando Chile y Perú. Ese país inicia próximamente una negociación de un TLC con la UE.
Otro defecto de Mercosur es la profusa retórica, enfermedad de la que han adolecido la mayoría de los esquemas de integración regionales. De allí que oigamos hablar de “regionalismo ceremonial”, “integración-ficción” o “integración simbólica”, expresiones todas que denotan los fallos en resultados concretos o los modestos pasos dados después de tantos años. Grandes discursos, pequeños pasos, si parafraseamos a uno de los grandes artífices de Europa, Jean Monnet.
Visto la dinámica mercosuriana a la luz del entorno global surgen muchos interrogantes sobre su futuro y el de nuestro país en ese bloque.
El agotamiento que ya exhibe la dimensión exclusivamente comercial de la integración es un elemento que no puede perderse de vista. Es lo que pareciera haber percibido el modelo del Acuerdo del Pacifico.
Pareciera que entre la dos opciones que tienen los países de la región (seguir exportando materias primas a pocos mercados sin diversificar la economía o diversificar las economías y las exportaciones a muchos mercados), la segunda sería la más conveniente para insertarse en la economía planetaria del futuro. Esto implica un fuerte estímulo a mayores inversiones, desarrollo científico-tecnológico,   
Venezuela, de arrancada, ingresa a Mercosur con “plomo en el ala”. Nuestra economía pública y privada, más allá del sector energético, no es competitivo de cara a las economías mercosurianas, sin mencionar la situación de crisis que vivimos hoy. El país está obligado en pocos años a adecuarse a una amplia normativa del bloque.
Las políticas macroeconómicas del gobierno actual conspiran contra un desempeño aceptable de los empresarios nacionales en ese bloque, a menos que nos veamos como meros importadores. El año 2012, Venezuela exportó 135 millones de dólares al bloque e importó 3.400 millones. El desbalance es obvio. Si no hay un viraje sustancial en las políticas gubernamentales, difícilmente se pueda competir en Mercosur; estarían las empresas privadas venezolanas en una situación de desventaja ante países en los que, en general, hay economía de mercado, no hay controles distorsionadores y existe seguridad jurídica para el inversionista.
En el Foro de Conindustria alguien decía que desde Venezuela deberíamos dar la bienvenida a Mercosur porque allí opera el mercado. Igual podría decirlo yo, pero el problema es que quien debería dar esa bienvenida y por tal razón, el gobierno, no lo hace, más bien actúa en contra de las leyes del mercado, no incentiva la inversión, ni propicia un ambiente de negocios seguro y con reglas claras.
¿Cómo encarar entonces esos compromisos en las condiciones inciertas y precarias de nuestra economía?
Una reflexión profunda y descarnada queda pendiente para los venezolanos frente a este y otros desafíos que nos presenta con apremio el mundo de la economía global y regional.

EMILO NOUEL V.

@ENouelV