miércoles, 26 de octubre de 2011


¿CUÁNTO VALE MERCOSUR? ¡LO COMPRO¡

                       
                                        Congreso paraguayo

La obcecación del gobierno revolucionario de Hugo Chávez por meter a Venezuela en Mercosur no ha rendido sus frutos. Afortunadamente. Sus “artes diplomáticas” no le han servido para obtener con facilidad tan anhelado objetivo. Desde el año 2006 en que se suscribió el Protocolo de Adhesión, el proceso de aprobación de los países del bloque comercial ha pasado por un vía crucis, en cuya última estación, la de Brasil, se demoró 4 años y medio. Allí, las reservas, al final, fueron vencidas después de un largo debate en el que fue expuesta con amplitud la naturaleza antidemocrática del gobierno venezolano. Pero razones de otro orden se impusieron.
Faltaba aún superar la última prueba. La del país de economía más pequeña del bloque mercosuriano: Paraguay.
Todo parecía indicar que el camino a Mercosur estaba expedito para el gobierno venezolano. Muchos llegaron a señalar que con seguridad Paraguay acompañaría a su poderoso vecino Brasil. No habría razones para que su parlamento se negara a la tan esperada aprobación. En la presidencia del país estaba un amigo de Chávez, y eso ya era una carta importante a jugar.
No obstante, el senado paraguayo se ha vuelto un hueso duro de roer. Los cuestionamientos al régimen político venezolano, considerado por la mayoría, contrario a los principios democráticos de Mercosur, han obstaculizado el visto bueno.   
Quien escribe, entonces, expresó sus dudas acerca de esa inevitable aprobación parlamentaria paraguaya. No obstante, me inclinaba por que tarde o temprano se daría en virtud de las presiones del bloque, de la dinámica política interna de Paraguay o de gestos u ofrecimientos atractivos de parte de Chávez que de alguna manera aflojaran las resistencias.
Como es harto conocido, la petrodiplomacia que ha adelantado el gobierno chavista le ha granjeado muchas amistades, apoyos y, cuando no, neutralidades en el ámbito internacional. Así, algunos países importantes del hemisferio y el mundo han sacado gran provecho de la generosidad del “amigo” presidente de nuestro país, obteniendo jugosos contratos de obras, ayudas financieras y enormes y multimillonarios pedidos de bienes de toda naturaleza. Otros, sin ningún pudor, como los anteriores, y más parecidos a una suerte de Corte de los Milagros mundial, ni cortos ni perezosos,  se han apuntado a la lista de las dádivas y facilidades de todo tipo, por aquello de que “donde las dan, las toman”. En retribución, Venezuela ha recibido poco, pero el gobierno mucho.
Este manirrotismo gubernamental, obviamente, tiene un propósito claro. Eternizar en el poder un régimen militar autoritario y corrupto es su prioridad, para desde allí proyectar una ideología demencial hacia el continente y el mundo. 


En su proyecto político o geopolítico, ingresar a Mercosur es uno de los objetivos a alcanzar. Esta aspiración es disfrazada con una hipócrita retórica integracionista y latinoamericanista. La “integración” en la que cree Chávez no es la misma que creemos los demás. Y ahí está esa estafa llamada ALBA para corroborarlo. Chávez no comparte los principios económicos y comerciales de mercado que inspiran a Mercosur; los aborrece. ¿La economía venezolana y sus empresas? Le tienen sin cuidado y poco le importa la opinión de sus compatriotas sobre tal ingreso. A Mercosur lo ve como un conveniente paraguas político para guarecerse, apuntalarse, protegerse, de cara a una fantasiosa invasión norteamericana en la que nadie cree.   
De allí que haga todo lo posible para entrar allí, en donde, si lo logra, no me cabe la menor duda, incordiará y creará problemas a los demás miembros.
Cuando leemos en la prensa paraguaya de estos días que una senadora de ese país, Zulma Gómez, denuncia que el senador Ramón Gómez Verlangieri, le ha ofrecido a ella y otros parlamentarios la suma de 100.000 dólares para que den su voto en la aprobación del ingreso de Venezuela a Mercosur, y recordamos también lo señalado en el mes de mayo próximo pasado por la senadora Ana Mendoza de Acha, en relación con la denuncia del también senador Juan Carlos Galerna en el sentido de que el presidente Chávez, presuntamente, estaría ofreciendo “hasta 200.000 dólares a cada parlamentario paraguayo a cambio  de su voto” a favor del aquel ingreso, no podemos menos que abochornarnos frente al espectáculo sórdido y deleznable en que nuestro país se ve envuelto.  Un año antes, el presidente del senado, Miguel Carrizosa, preocupado, se habría pronunciado en el mismo sentido. (Paraguay: "Denuncian maletines de Chávez", http://www.reportero24.com).
Si con lo del maletín lleno de dólares de PDVSA incautado al venezolano Antonini Wilson en Buenos Aires, supuestamente destinados para la anterior campaña electoral de Cristina Kirchner, ya teníamos un escándalo en Mercosur, de ser ciertas las denuncias paraguayas -y si el río suena es porque piedras trae-, el prestigio del gobierno venezolano, y desgraciadamente el de nuestro país, seguirá en caída en libre.
Porque no sería de extrañar que fueran ciertos tales señalamientos, habida cuenta del modus operandi que en otras situaciones se han visto, en las que el gobierno venezolano aparece involucrado financiando de manera opaca actividades políticas dentro y fuera de nuestras fronteras. 
Así como es su estilo el de hacer política al interior del país utilizando la compra de voluntades y conciencias, de igual manera lo practica en sus relaciones internacionales. 
“¿Cuánto vale Mercosur? ¡Lo compro¡”

EMILO NOUEL V.

  

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