viernes, 30 de diciembre de 2011


Václav Havel es la Europa del futuro


ANDRÉ GLUCKSMANN 30/12/2011
 
Un intelectual no está jamás en su sitio". Con estas palabras, lejos de lamentar este desajuste original, el poeta Havel, en la huella de Beckett, Ionesco y Lou Reed, instaura el desarraigo como moderna norma de vida y estrategia de pensamiento. No se trata de una pose. Disidente nada convencional, presidente bohemio, su negativa inexorable a considerarse un Mesías conductor de pueblos fue una forma de cortar de raíz con las pretensiones de los comprometidos de otras épocas. En los últimos tiempos de la Revolución Francesa, Joseph de Maistre sostenía que el poder espiritual y temporal de un Papa era lo único que podía salvar Europa. Y de una infalibilidad como la que se atribuía al Papa era de lo que presumían los dirigentes comunistas, Lenin y los que vinieron detrás, igual que los führers y los ayatolás.
Por el contrario, la modestia rigurosa de Havel, por un lado escritor, por otro jefe de Estado, le impedía mezclar cielo y tierra: "Soy de un país lleno de impacientes. Quizá son impacientes porque llevan tanto tiempo esperando a Godot que tienen la impresión de que ya ha llegado. Ese es un error tan monumental como el de esperarlo. Godot no ha llegado. Y menos mal, porque, si llegara un Godot, no sería más que el Godot imaginario, el Godot comunista".
A base de tergiversar las más puras convicciones, el despiadado siglo XX desencadenó unas guerras totales con la excusa de defender la paz, y justificó en nombre de un bien supremo esa abominación que fueron los campos de exterminio y los gulags. Ante semejante cataclismo mental, los 242 primeros firmantes de la Carta 77 optan por adoptar una "filosofía negativa". Los disidentes, que se enorgullecen de sus diferencias -entre ellos figuran católicos, protestantes, judíos, ateos, de izquierdas, de derechas, nacionalistas y cosmopolitas-, deciden ponerse de acuerdo no en favor de sino contra. La desgracia que comparten les hace solidarios en y por su soledad. "A veces nos hace falta hundirnos en lo más profundo de la miseria para reconocer la verdad, del mismo modo que nos hace falta caer hasta el fondo del pozo para descubrir las estrellas".
La fortaleza de Václav Havel, la fuerza de la disidencia, ese "poder de los sin poder", fue lo que el filósofo Patocka denominó "solidaridad de los quebrantados". Un nombre que aquel intelectual que tanto inspiró a Havel explicaba con detalle: "Quebrantados porque se ha sacudido su fe en la luz, la vida, la paz...".
El disidente no es una noble alma indignada que vocifera desde el pedestal de su virtud presuntamente perfecta, sino que es alguien que ha sabido volver su indignación contra sí mismo y contra los sueños complacientes con los que había alimentado hasta entonces la pasividad general y la complicidad individual. El enemigo no es un demonio maloliente ni el sistema todopoderoso, sino nuestra servidumbre voluntaria, esa afición tan común a cerrar los ojos y dormir tranquilos, suceda lo que suceda.
Después de la caída del muro de Berlín, el optimismo invadió desde los palacios hasta las cabañas; todo el mundo celebraba el fin de la historia, de las guerras sangrientas y las grandes crisis, ¡todo va bien, señora baronesa! Hoy nos encontramos en la situación contraria: la fatalidad de un apocalipsis (ecológico, financiero o moral) paraliza al ciudadano, le hace volver a refugiarse en su concha. En los dos casos, tanto en la euforia como en la depresión, un destino que el individuo imagina imparable le reduce a la impotencia y la indiferencia. En cambio, Václav Havel y el disidente encarnan una Europa responsable, capaz de examinar y superar las situaciones más trágicas. Los últimos tiempos: pese a su enorme debilidad, Havel no se quejaba de lo que sufría.
La última manifestación: Havel protesta delante de la Embajada de la China comunista contra el encarcelamiento de Liu Xiaobo y los firmantes de la Carta 08.
El último llamamiento: Havel escribe para interceder por Julia Timoshenko, encerrada en las mazmorras poscomunistas de Kiev. Pese a encontrarse postrado en la cama, Václav se levanta para recibir y felicitar públicamente a dos personas incómodas, el Dalai Lama, a quien los autócratas de Pekín no dejan de vilipendiar públicamente, y el georgiano Mijaíl Saakashvili, al que Putin, siguiendo las tradiciones de su oficio, quiere "agarrar por los huevos". Yo estaba allí, fue hace poco tiempo.
El disidente no se pliega, está locamente enamorado de la libertad. Mi amigo me ha dejado. Y es irreemplazable. Pero además es victorioso: el 10 y el 24 de diciembre de 2011, una marea humana formada por manifestantes de toda condición, desafía al Kremlin para "no vivir en la mentira", como decía Václav Havel. Sus herederos están en la calle.
André Glucksmann es filósofo. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

jueves, 29 de diciembre de 2011


EL CÁNCER ES IMPERIALISTA

Ciertamente, si hay algo que le sobra a Chávez es su capacidad infinita para hacer el ridículo ante el mundo. Y lo hace con toda naturalidad, sin el menor rubor, como si nada. No tiene empacho ni medida para proferir cualquier disparate por muy estrambótico que sea. Es la misma capacidad que  muestra al decir las más grandes mentiras sobre las supuestas realizaciones de su gobierno.




                 

Y sin embargo, hay gente que le cree tales absurdos, no sólo la sencilla y desinformada que podríamos excusar.
Un ejemplo de estos disparates es la hipótesis risible que lanza recientemente acerca de la causa de la inusual ola de políticos enfermos con cáncer en Latinoamérica. La presunción que asoma no puede ser más estrafalaria.
Ha declarado, refiriéndose al cáncer que ha atacado a LULA, ROUSSEF, KIRCHNER, LUGO y a él, que “Es muy difícil explicar lo que nos ha estado aconteciendo a alguno de nosotros en América Latina… es muy, muy extraño”. Y se pregunta: ¿Sería extraño que hubieran (los norteamericanos) desarrollado una tecnología para inducir el cáncer?
Lo que quiere dejar el señor Chávez en la cabeza del que lo oye, aunque advierte que no desea formular “una acusación temeraria”, es la idea de que puede haber una conspiración –adivinen de quién- para acabar con las vidas de los que él considera luchadores que se oponen a los designios del imperialismo yanqui.
Pero la conjetura, lo confiesa él mismo, no es de su propia cosecha. Su mentor y guía, el tirano Fidel Castro, ya se lo había advertido. “Cuídate, Hugo, los medios del imperialismo son inescrutables. Ten cuidado con lo que comes. Una pequeña aguja que te inyecten…y zas¡… acaban contigo”  
Imagino a todos los gobernantes latinoamericanos y de otros países carcajeándose ante tal desvarío, producto de una visión típica del paranoide que cree que el mundo se mueve por conspiraciones. Es la misma que ve en cualquiera o en todas partes a un perverso adversario o un plan malévolo orquestado para hacernos daño. La del que cree en invasiones de extraterrestres, en los complots de masones, en la versión de que Simón Bolívar fue asesinado o en los protocolos forjados de los sabios de Sion.
Esta declaración, si fuera la única, no sería tan preocupante. Pero no es así.


                                       

En otras ocasiones ha acusado a su enemigo jurado, EEUU, de provocar movimientos tectónicos  a gran escala con una supuesta arma secreta de la que dispondría la marina norteamericana. Todos recordamos la versión bufa sobre las causas del sismo que devastó a Haití en el 2010. Entonces llegó a  declarar que era un “Claro resultado de una prueba de la marina estadounidense” y agregó: “en el resultado final de las pruebas de estas armas está el plan de los Estados Unidos de la destrucción de Irán a través de una serie de terremotos diseñados para derrocar a su actual régimen Islámico". Chávez ha dicho también que la intervención por razones humanitarias aprobada por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, de EEUU y otros países en Libia, tenía como objetivo apoderarse del agua de este último país. Semejante disparate sólo se explica por un patológico prejuicio rayano en el delirio.
En los días que corren, ha tenido el descaro de afirmar que las multitudinarias manifestaciones contra el comprobado fraude electoral cometido en Rusia por el gobierno de Putin es una maniobra desestabilizadora del imperio yanqui.   Y lo mismo ha dicho en los casos de Libia o Siria. Su inescrupulosidad no es más que cinismo.
Pareciera que estos disparates son comunes a este tipo de gobernantes.  Resulta curioso constatar que un tirano amigo del presidente Chávez, el iraní Mahmud Ahmadinejad, ha formulado acusaciones igual de extravagantes. En mayo de 2011, denunció que los países europeos estarían produciendo artificialmente fenómenos atmosféricos que impedirían la generación de lluvias en Irán. Declaró que ellos "impiden a las nubes llegar a otros países, entre ellos Irán”, y las zonas más afectadas son aquellas situadas "en los países que más asustan a Occidente por su capacidad para iniciar civilizaciones y culturas influyentes”.
Por su parte, conocemos las permanentes “ocurrencias” de Evo Morales, pupilo de Chávez. Ha llegado a afirmar que comer pollo genera homosexualidad. Textualmente: “cuando los hombres comen esos pollos, tienen desviaciones en su ser como hombres". En otra ocasión afirmó:   la calvicie (...) es una enfermedad en Europa; casi todos son calvos, y esto es por los alimentos que comen…”
Mayores muestras de dislate en unos hombres públicos no podrían concebirse.
Afectado o no por sus padecimientos, en esta materia Chávez es genio y figura.
Tanto la proclividad enfermiza a la mentira compulsiva y grosera como la paranoia que le alimentan quienes ordeñan para su propio interés los dineros públicos, se han convertido en su perdición. Por lo pronto, es el hazmerreir del planeta.

EMILIO NOUEL V.









lunes, 26 de diciembre de 2011






VACLAV HAVEL:


"Estoy firmemente convencido de que el mundo necesita (hoy más que nunca) políticos esclarecidos y reflexivos, audaces y con suficiente amplitud de miras para pensar más allá de su ámbito inmediato de influencia en el tiempo y el espacio. Necesitamos políticos con disposición y capacidad para elevarse por encima de sus propios intereses de poder, o de los intereses particulares de sus partidos o Estados, y actuar de conformidad con los intereses fundamentales de la humanidad; es decir, que se comporten como todos deberían comportarse, aunque tal vez la mayoría de las personas no lo haga."

domingo, 25 de diciembre de 2011

LA PRIMERA NAVIDAD EN EL NUEVO MUNDO

David Valera
ABC

La primera Navidad en el 'Nuevo Mundo'


Nochebuena de 1492. La expedición de Cristóbal Colón espera en la Española pasar su último día en esas nuevas tierras. Todo está preparado para zarpar al día siguiente. Sin embargo, en mitad de la noche unos gritos dan la voz de alarma. La nao Santa María ha encallado. No hay víctimas pero los intentos por reflotarla son en vano. Colón aprovecha el imprevisto para construir un fuerte en la isla con los restos del navío. Un total de 39 marineros comandados por Diego de Arana se convierten en el primer destacamento español en el ‘Nuevo Mundo’. La fortificación es levantada bajo el nombre de Navidad en honor a la fecha del comienzo de su edificación.
Los marineros se pertrechan y aprovisionan con gran cantidad de víveres. Son conscientes de que deberán resistir un año la vuelta de una nueva flota desde el otro lado del Atlántico. En ese tiempo sólo tienen un objetivo: almacenar todo el oro posible. Los nativos les han prometido muchas riquezas y la mayoría de colonos se quedan en la isla voluntariamente. Colón parte hacia España el 4 de enero de 1493. Nunca más vería con vida a sus 39 compañeros.
Cuando el almirante genovés descubre América lo primero que hace es entablar relaciones con las tribus nativas. En la Española -actual Haití- hace tratos con los indios taínos, un grupo de indígenas pacíficos y receptivos a los recién llegados. Su líder Guacanagarí ve en los hombres blancos y barbudos unos buenos aliados contra su enemigo isleño: los indios caribes. Estos otros nativos pueblan el interior de la isla, practican el canibalismo y dirigidos por un caudillo llamado Caonabo mantienen una postura bastante hostil y beligerante. Para ganarse el trato de los españoles en su lucha interna, Guacanagarí ofrece algunas joyas y la promesa de abundante oro. Los colonos se frotan las manos y sueñan con volver a España cargados de riquezas.
Tras el suceso de la Santa María, los propios taínos ayudan a los españoles a rescatar el máximo material posible de la nao. Incluso aceptan la presencia del pequeño contingente en el fuerte Navidad. Este modesto enclave apenas cuenta con una empalizada, una torre y unas casas. Antes de su partida, Colón deja al mando de la guarnición a Diego de Arana, alguacil mayor de justicia. Sus lugartenientes son Pedro Gutiérrez y Rodrigo Escobedo. Sus órdenes están claras: mantener la alianza con los taínos y conseguir oro.

El regreso

Tras sorprender al mundo entero con su increíble hallazgo, Colón emprende su segundo viaje a América. Tras navegar por las Antillas pone rumbo al pequeño asentamiento donde espera con ansiedad conocer los avances de los colonos. Sin embargo, cuando se aproxima al lugar el 27 de noviembre de 1493 no ve luces ni percibe ruidos en el fuerte. La alarma aumenta al encontrar dos cadáveres flotando en la costa en tal estado de descomposición que es imposible identificarlos. Al caer la noche, los españoles no se atreven a bajar de los barcos. A la mañana siguiente realizan varios disparos con lombarda sin obtener respuesta alguna. Sus mayores temores se confirman cuando aparecen dos nuevos cuerpos. A diferencia de los anteriores, estos cadáveres tienen barba, señal inequívoca de su procedencia hispana.
Por fin, los colonos descienden dispuestos a averiguar lo ocurrido. Se encuentran con el fuerte calcinado, pero no hallan cadáveres. ¿Dónde están? Tampoco hay oro ni ningún otro metal precioso almacenado. La respuesta la ofrecen los indios taínos. Su líder se entrevista con Colón. Guacanagarí recibe al genovés postrado en una camilla por una supuesta herida en una pierna. El líder indígena explica que sus enemigos caribes atacaron a los españoles y que ellos intentaron ayudarles sin éxito. Las palabras no convencen a los exploradores. El propio médico de la expedición, Diego Álvarez de Chanca, examina la pierna del líder tribal sin encontrar ninguna herida exterior. Pese a las sospechas de traición y a la presión de sus hombres para vengarse, Colón acepta las explicaciones y decide fundar la Isabela, la primar ciudad en el nuevo continente. Eso sí, elige la otra punta de la isla, en la actual República Dominicana.
Pero ¿qué pasó realmente en el fuerte Navidad? Al poco de marcharse Colón la tensión entre los españoles y los indios aumentó. Los colonos actuaban como verdaderos señores del lugar, sin respetar las costumbres autóctonas y con una actitud más tiránica cuanto más se retrasaba el oro prometido. Además, la relación entre los propios españoles tampoco era la adecuada, lo que provocó la formación de dos grupos. Por un lado Pedro Gutiérrez y Rodrigo Escobedo junto a otros nueve hombres abandonaron la fortificación y se adentraron en la isla, donde fueron una presa fácil para los indios caribes. Después, esta tribu beligerante o los propios taínos cansados de tanto desprecio atacaron a los diezmados e indisciplinados habitantes de Navidad.

miércoles, 21 de diciembre de 2011


ENCERRONA MERCOSURIANA CONTRA PARAGUAY

El obligado ritual y la retórica profusa integracionista se juntaron una vez más, y en esta oportunidad fue en Montevideo. Los discursos de confraternidad no siempre consecuente y de destino común permanentemente extraviado, como en cada ocasión que se reúnen los latinoamericanos, no podían faltar.


Los mitos, siguiendo la infaltable parafernalia integracionista, presidieron el acto. Por delante, las invocaciones litúrgicas a los espíritus de Artigas, Bolívar y San Martín, no vaya a ser que alguien los confunda con lacayos monroistas, enfermos de nordomanía, como diría Rodó.
El plato fuerte de la reunión, aparentemente, era cocinar, cual alquimistas de los derechos internacional y constitucional, la fórmula mágica para incluir de pleno derecho a Venezuela en el bloque comercial, sin necesidad de que los parlamentos de los países miembros den su consentimiento, lo que, obviamente, violentaría lo dispuesto en los tratados suscritos y, en passant, también las constituciones de los países miembros.
En Venezuela, eran muchas las expectativas que tenía el gobierno. Sus “analistas”, en éxtasis ante la posibilidad, que proclamaban cierta e inminente, del ingreso de Venezuela a Mercosur, emitieron opiniones a cual más disparatada sobre fantasiosos fines antiimperialistas de ese bloque comercial, y una supuesta significación que tendría para los pueblos oprimidos de la Tierra. La monserga demodé y el extravío de éstos son patéticos.
Para esta reunión, la operación concreta propuesta por el señor José “Pepe” Mujica a sus pares consistía en esquivar -diría yo, más bien, prescindir o desdeñar- la opinión del congreso paraguayo, actor nacional que ha devenido obstáculo incómodo a la hora de complacer los deseos del gobierno militarista de Venezuela, el cual, debemos recordarlo siempre, ha embarcado a nuestro país en un proceso obviando la opinión nacional de los sectores políticos, económicos y de especialistas en la materia.   
Esta maquinación tortuosa, esta tramposa jugarreta, sin embargo, no pudo concretarse, por ahora. El desaguisado político, jurídico y diplomático que se pretendía perpetrar atropellando a Paraguay hubiera sido muy grave, incluso para la misma existencia de Mercosur.
Imagino a los especialistas de Itamaraty halándose de los cabellos ante tal despropósito. Sólo se alcanzó a acordar la creación de una Comisión que estudiará el asunto, la cual, a mi juicio, no podrá de ninguna manera soslayar la modificación de los Tratados, y esto comportaría ineluctablemente recorrer el camino de la ratificación de los parlamentos de los países miembros. Otra cosa sería un exabrupto. Un país que desee formar parte del esquema integracionista y gozar de derechos en él requiere ser aceptado por los titulares, y cuando hablamos de éstos no sólo se incluye los gobiernos sino también sus parlamentos.
En este punto, debe reconocerse la actitud del Presidente Lugo, que al menos salvó el tipo, colocándose al lado de la institucionalidad democrática de su país. Dicen que dijo que no aceptaría que se denigrara de las instituciones de su país. Sin embargo, en la plenaria vimos a un Chávez calificando a la mayoría del congreso de Paraguay de “pequeño grupo”, y proponiendo que fuera puesta en evidencia ante el mundo su presunta conducta impropia, lo cual es una manifestación – ¡Otra más¡-  de injerencia en los asuntos internos de ése país por parte del militar putchista venezolano.
Por lo demás, amén de la encerrona contra Paraguay, el evento nos proveyó de otras perlas.
La señora Roussef pidió subir los aranceles del bloque, visto lo visto, según ella, en la crisis financiera internacional. Retroceso al proteccionismo puro y duro, que, por cierto, siempre ha practicado Brasil. Verán los consumidores mercosurianos el encarecimiento de los productos que desde Mercosur se importen.
Por su parte, la señora Kirchner, además de arremeter retóricamente contra las transnacionales y pretender darnos una lección de economía con conceptos anacrónicos superados, en otra expresión de injerencia en los asuntos internos de Venezuela, manifestó su deseo de que Chávez sea reelecto en las elecciones del año entrante. Es muy probable que esa aspiración se quede frustrada.
Planteó, igualmente, ¡a estas alturas de la vida ¡, un regreso a la política de sustitución de  importaciones, aunque, por otro lado, y mirando a su querido Hugo, se mostró contraria a los dogmas y las ideologías en estos temas económicos.
Llama mucho la atención la actitud del gobierno de Uruguay, socio que los grandes del bloque siempre han considerado un familiar pobre al lado de Paraguay, y que no pocas veces ha estado marginado en las grandes decisiones que toman brasileños y argentinos exclusivamente. Se esperaba de ese país una solidaridad con los paraguayos, pero no vaciló en montarse en el ardid fallido para complacer al gamonal venezolano.
Mientras tanto, el gobierno de Venezuela con la bolsa llena sigue dando tumbos ligando su destino a tiranos y genocidas del mundo repudiados por todos los demócratas y amantes de la libertad.  
Y por otro lado, los venezolanos presenciando un descomunal despilfarro gubernamental, la destrucción criminal de su aparato productivo, una delincuencia sin control, una degeneración del Estado de derecho y una corrupción repugnante nunca vista.
¿Es éste el régimen político que el Mercosur quiere en su seno?

EMILIO NOUEL V.

lunes, 12 de diciembre de 2011


LA PROPUESTA DE MUJICA: ¿PERSIGUE  "BYPASSEAR" LOS PARLAMENTOS DE LOS PAÍSES DE MERCOSUR?


El presidente uruguayo, José Mujica, declaró recientemente que es posible que en la próxima reunión de Mercosur, el día 20 de Diciembre próximo, este bloque comercial modifique su legislación para permitir el ingreso de Venezuela, en vista de que el senado paraguayo se ha negado a aprobar el Protocolo de Adhesión firmado por los presidentes hace 5 años.
Como es sabido, los parlamentos de Brasil, Argentina y Uruguay ya lo hicieron, de conformidad con sus textos constitucionales respectivos.

      

Mujica ha dicho que así como está la legislación mercosuriana, Venezuela no sería miembro, a menos que el senado de Paraguay cambie su parecer.
De tal declaración podríamos inferir que el señor Mujica cree que cambiando alguna norma de los tratados de Mercosur por parte de los gobiernos, no sería necesario que el parlamento de Paraguay diera su visto bueno. En el fondo, se estaría planteando una  norma que excluiría a la representación popular sentada en los parlamentos, la cual tiene la atribución, según las constituciones de esos países, para aprobar los tratados internacionales que negocian y firman sus gobiernos.
Es decir, el señor Mujica pareciera estar proponiendo nada menos y nada más que saltarse a la torera las normas constitucionales sobre la materia, e imponer un cambio de los tratados por la sola voluntad de los poderes ejecutivos de los países, sólo para allanar el camino a la membresía de Venezuela, hoy negada por el senado paraguayo.
Habría que atribuir la declaración reciente del señor presidente de Uruguay, a que no es abogado, ni conocedor del Derecho Internacional. 
Porque cualquier modificación que sufrieran los tratados constitutivos de Mercosur, necesariamente deben ser ratificados por los parlamentos de los países, toda vez que de lo contrario no serían ley nacional en sus territorios, o lo que es lo mismo, no formarían parte de los ordenamientos jurídicos domésticos.
El Tratado de Asunción, constitutivo de Mercosur, y los tratados complementarios, conforman lo que se conoce como el derecho originario de este bloque de integración. Este derecho, hasta el presente, ha sido ratificado por los parlamentos de los 4 países miembros.
Ahora bien, cualquier modificación posterior que sufrieran aquellos tratados debería ser ratificada por los Estados que los han suscrito, todo de conformidad con los procedimientos establecidos en las Constituciones de los países firmantes.
En el caso de las naciones de Mercosur, la ratificación tiene los procedimientos siguientes:
El artículo 49 de la Constitución de Brasil dispone como competencia exclusiva del Congreso Nacional resolver definitivamente sobre tratados, acuerdos o actos internacionales que acarreen encargos o compromisos gravosos para el patrimonio nacional”. Por otro lado, el artículo 84 establece como competencia del Poder Ejecutivo “celebrar tratados, convenciones y actos internacionales, sujetos a refrendo del Congreso Nacional”.
La Constitución argentina en su artículo 75 pauta, como competencia del Congreso, la de “Aprobar o desechar tratados concluidos con las demás naciones y con las organizaciones internacionales”. Por su parte, el artículo 99, establece entre las atribuciones del Presidente de la República lo que sigue: “Concluye y firma tratados, concordatos y otras negociaciones requeridas para el mantenimiento de buenas relaciones con las organizaciones internacionales y las naciones extranjeras. “
El artículo 85 de la Constitución uruguaya dispone que el Congreso debe “aprobar o reprobar por mayoría absoluta de total de componentes de cada cámara los tratados de paz, alianza, comercio y las convenciones y contratos de cualquier naturaleza que celebre el poder ejecutivo con potencias extranjeras.”. Y el 168  ejusdem, establece como atribución del presidente de la República, “concluir y suscribir tratados, necesitando para ratificarlos la aprobación del poder legislativo.
En el caso de Paraguay, el artículo 202 de su Constitución relativo a las atribuciones del Congreso, reza así: “aprobar o rechazar los tratados y demás acuerdos internacionales suscritos por el Poder ejecutivo.” Y el artículo 238 dispone que al poder ejecutivo corresponderá “negociar y firmar tratados internacionales”.  
Obviamente, en la reunión a realizarse este mes de diciembre, los gobiernos de los países mercosurianos podrían negociar y concretar algún cambio de los tratados. Para ello están facultados, como hemos visto, requiriendo la posterior ratificación de los congresos para su entrada en vigencia.
Lo que no vemos claramente cuál sería una modificación normativa legítima y válida que permitiera el ingreso de Venezuela a Mercosur, “bypaseando” el rol constitucional que toca a los parlamentos de los países miembros.
Debe recordarse también que el artículo 20 del Tratado de Asunción señala que “La aprobación de las solicitudes (de adhesión) será objeto de decisión unánime de los Estados Partes.”
¿Será éste el artículo que el señor Mujica tiene en mente para proponer su eliminación o modificación?
¿Estarán todos los gobiernos y parlamentos de acuerdo con tan sustancial cambio?
¿Se olvidó el señor Mujica que los parlamentos son los que ostentan la representación democrática y la atribución de aprobar las leyes y ratificación de los compromisos internacionales que comporten obligaciones de naturaleza jurídica?
¿Se ha percatado el presidente de Uruguay, si es que aquella es su intención, que las constituciones de todos los países democráticos, y en este caso los de Mercosur, han adoptado el principio de equilibrio de los poderes y que, por tanto, no puede éste ser esquivado so pena de atentar contra el estado de derecho?

EMILIO NOUEL V.





miércoles, 7 de diciembre de 2011


CELAC: MÁS  BULLA QUE LA CABUYA [1]



Al fin conocimos de qué se trataba la CELAC. Aunque en la letra de los documentos firmados aparece la palabra, no estamos, definitivamente, frente a un organismo nuevo de integración, ni fueron establecidos mecanismos concretos con estos fines, a pesar de la lista de buenos propósitos y planes.
Ni siquiera tendrá personalidad jurídica. Será un foro de concertación política y sus decisiones se tomarán por consenso, amén de que no serán obligantes para sus miembros, rasgos éstos que garantizan su inoperancia.
                 

En fin, estamos ante una nueva entelequia internacional inocua e ineficaz, una suerte de presencia ectoplasmática, que se reunirá eventualmente para temas puntuales que interesen a uno u otro gobierno, pero que no irá más allá del discurso grandilocuente; felizmente, a mi juicio.
A despecho del palabrerío hueco que hemos oído y leído desde hace más de dos siglos sobre fraternidad e identidad latinoamericanas escurridizas, el parto de la montaña fue un ratón. Eso sí, escenificado con toda la pomposidad del caso, sin ahorrar las evocaciones a las gestas proceras del continente, todo en medio de un cuartel militar, muy apropiado, por cierto, en tiempos de militarismo en nuestro país. (¿Recuerdan? Decía Bolívar: Venezuela es un cuartel)
Las diferencias que ya existían antes del evento fueron ratificadas en el encuentro caraqueño, aspecto éste que abonará en mucho a la incapacidad futura para llegar a acuerdos. No todos ven en la “instancia” creada lo mismo, cada quien lo interpreta desde su particular interés. Lo cual dice bastante de lo que será su verdadera eficacia.
Para unos, la minoría utopista, ideologizada y resentida, la CELAC representa la “segunda independencia”, un paso más en la lucha antiimperialista y el rompimiento del opresor yugo yanqui. Éstos, los “ALBAnos”, siguen viendo la realidad con espejo retrovisor. Para ellos, forma parte de una confrontación con el supuesto enemigo capitalista que se opone al avance de la revolución de los pueblos sojuzgados. Lo que buscan éstos es diferenciar, dividir, el hemisferio, a contracorriente de un mundo que tiende a la confluencia de grandes y pequeños en un mundo cooperativo e integrado.
En los otros -la mayoría realista- nos encontramos con diversas motivaciones. Para unos cuantos, CELAC es un trámite ineludible del ritual demagógico “latinoamericano y del Caribe” de cara al público de galería; un gesto hipócritón, una conveniencia más en nuestro mundo pragmático, una concesión a la mitología regional. Muy lejos está, por supuesto, el enfrentamiento con un algún país poderoso del hemisferio o del mundo.
Para otros, forma parte de sus estrategias geopolíticas y/o económicas en la región y el planeta con miras de largo plazo, sin que ello signifique conferirle, en el fondo, la significación real que los discursos de ocasión le han dado.
Respecto del tema de la defensa y vigencia de los principios democráticos, la declaración final de la reunión, comme d ‘habitude, reitera de manera genérica el apego estricto a aquellos, como si no hubiera estado allí sentado el representante de la tiranía más antigua del continente. Pero así son las cosas de la tolerancia y la pluralidad ideológicas. Volteemos para otro lado, y los principios al cuerno, todo sea en aras de la “unión” sacrosanta.
De la poca importancia que los medios internacionales han dado al evento, antes y después, harían bien en sacar algunas conclusiones los exaltados o preocupados con sus presuntas repercusiones y trascendencia.
Algunos por allí señalan una supuesta virtud de la creación de este ente: con esta instancia se puede controlar a los autoritarios, afirman. Pareciera que la experiencia hasta ahora desmiente esa afirmación. 
A la fulana CELAC no le auguramos futuro promisorio. Podrá ser útil, quizás, para condenar una rebelión del cuartel de policía de Cochabamba o emitir una declaración en apoyo a las Malvinas argentinas. Hasta allí.  Pasará como otra iniciativa más de las tantas que hacemos por estas tierras en que la retórica inflamada, la ceguera ideológica y la poca seriedad son las características que sí  nos integran.

EMILIO NOUEL V.





[1] Expresión venezolana para decir: “Mucho ruido y pocas nueces”.

martes, 29 de noviembre de 2011


LA CELAC O LA MANÍA REFUNDACIONISTA


La desnuda y escueta verdad es que EEUU necesita de América Latina y América Latina necesita de EEUU”.
Rómulo Betancourt


En estos días que corren se está suscribiendo en Caracas el documento constitutivo de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) que fue acordada en la XXI Cumbre de América Latina y el Caribe sobre Integración y Desarrollo de 2010.

                 

32 presidentes del hemisferio nos visitan con motivo de ese evento, aunque la prensa de esos países, con la excepción de la oficial venezolana, ha mostrado poco interés por esta reunión en los días previos.  ¿Qué importancia real conceden los presidentes a la concreción de ese nuevo ente interestatal, supuestamente de integración, más allá del verbo grandilocuente?
Es más que sabido que la estructura institucional de relaciones políticas y económicas del último siglo en nuestro continente se ha ido tejiendo a partir de organizaciones diversas, como la OEA, CEPAL, el TIAR, el BID, el SELA, el Grupo de Río y los regímenes de integración económica, entre otras.
Todas ellas, en el fondo, han tenido como propósito consolidar el hemisferio como un bloque cooperativo frente al resto del planeta, dados los lazos históricos de amistad y comercio, manteniendo, obviamente, las peculiaridades de cada país.
En este largo camino, entre las “dos Américas” se han cruzado los desencuentros, incomprensiones y conflictos, sobre todo, porque en esta región está la potencia más grande, envidiada, admirada y cuestionada del orbe, cuya hegemonía vive un proceso menguante y paulatino que durará algunas décadas, sin que eso signifique su derrumbe como gran nación que es.
En la naciente CELAC, un rasgo primero a resaltar por incomprensible, es que es una organización que excluye a EEUU y CANADÁ, dos países que forman parte del hemisferio, y con los cuales se han tenido por siglos relaciones político-económicas  estrechas.
La idea de este nuevo invento latinoamericano no tiene otra explicación, a mi juicio, que ese prurito anacrónico que hoy ya no tiene sentido en un mundo amplia y profundamente interdependiente, de una supuesta identidad exclusiva o de unos presuntos intereses comunes que la historia, los valores o la etnia latinoamericana nos impondrían, y los cuales nos enfrentan a los de EEUU o CANADÁ, países que se presumen adversarios o ajenos a nosotros. Como si los problemas y las soluciones del mundo actual no trascendieran las fronteras, distancias, economías, lenguas, razas, religiones y tradiciones, y se pudieran asumir desde la “parroquia”, en este caso, “latinoamericana y del Caribe”. Como si esos dos países no fueran nuestros socios comerciales, y allí no vivieran millones de familias originarias de Latinoamérica. En fin, como si no nos necesitáramos.
Me temo que la CELAC, por otro lado, y principalmente, es una expresión más de la manía refundacionista – ¡el eterno retorno¡- de que adolecemos por estos pagos. No hemos terminado de consolidar o perfeccionar las organizaciones existentes, cuando ya creamos una nueva, con otra denominación, que se superpone a las anteriores, entrando en colisión de objetivos y competencias, redoblando o triplicando esfuerzos y consumiendo recursos que necesitamos para fines mejores. Es una suerte de “fuite en avant” permanente, que pretende enmascarar sin éxito nuestros fracasos; que evidencia la inconstancia y nos da una falsa sensación de progreso.
Sobre el objetivo de esta organización hemos leído y oído de parte de gobernantes interpretaciones incongruentes. Unos, los resentidos históricos, la ven como un ariete contra EEUU, y otros, los realistas y pragmáticos, la conciben como una instancia intergubernamental latinoamericana más que no pretende enfrentar a nadie. Unos la ven como instancia política (geopolítica) y otros la ubican en el campo de la integración futura.
Lo cierto es que no sabemos de manera transparente qué se busca con CELAC, que otras organizaciones vigentes no tendrían. ¿Qué sentido tiene crear una nueva organización cuando existen otras que a pesar de sus imperfecciones pueden ser mejoradas?
Con seguridad veremos en esta reunión de Caracas una retórica desbordada e inflamada de nacionalismo latinoamericano. En el altar de la “Patria Grande” se harán las ofrendas de rigor,  y ¡ay del que no se anote en el ritual¡ Golpes de pecho y nuevas promesas de unión y de integración férreas no faltarán en los discursos. Evocaremos a Bolívar, San Martín y Tiradentes. A Tupac Amaru, Lautaro y a Guaicaipuro. A Martí, Rodó y Vasconcelos. ¡Ahora sí será alcanzada la ensoñación bolivariana¡
Pero lo concreto, lo eficaz, lo pragmático, los mecanismos reales que efectivamente traerían bienestar a las mayorías irredentas de nuestros países, estoy seguro, pasarán al segundo o tercer plano, como siempre ocurre.
Y en medio de los vapores hipnotizantes de la hermandad reencontrada y traicionada tantas veces, callaremos antes las violaciones a los derechos humanos en Venezuela, Cuba, Nicaragua y Ecuador. Voltearemos hacia otro lado, al ver el irrespeto cotidiano y perverso del Estado de derecho en el país anfitrión. El realismo pérfido del que una vez habló Octavio Paz seguirá en vigor.
¿Qué hará la CELAC para evitar que las autocracias militaristas de nuevo se enseñoreen en nuestra región?
Tienen la palabra los 32 presidentes visitantes.

Emilio Nouel V.

domingo, 27 de noviembre de 2011


LOS COMPROMISOS INTERNACIONALES DE CHÁVEZ Y EL PRÓXIMO GOBIERNO


                        
                                       Firma de contratos China-Venezuela

En círculos políticos y de especialistas se ha debatido el tema del desconocimiento de los compromisos internacionales asumidos por el gobierno venezolano durante la última década, presuntamente violatorios del ordenamiento jurídico interno y/o lesivos a los intereses de la República. El asunto no tendría mayor relevancia si no estuviéramos ante la probabilidad cierta de un nuevo gobierno en Venezuela con orientaciones de política exterior diferentes.
La controversia generada no sólo tiene que ver con la cuestión de con quiénes se ha suscrito los pactos, sino también con los contenidos de ellos cuando se han podido conocer, porque en esta materia, hay que subrayarlo, la transparencia y la consulta con los distintos sectores políticos y económicos del país han estado ausentes.  
En tal sentido, han sido contestados, entre otros, las compras de material bélico, los contratos petroleros y los de deuda. Los primeros son cuestionados por innecesarios, habida cuenta de necesidades internas más apremiantes, y los demás por desventajosos para los intereses nacionales, discriminatorios de la empresa doméstica o por violar expresas normas constitucionales sobre los contratos de interés público.  
En relación, por ejemplo, con los compromisos de deuda con China o Rusia, algunos han planteado su desconocimiento, fundamentados en la teoría de la deuda odiosa, formulada por Alexander N. Sack, un ministro de la Rusia zarista. Éste planteaba que las deudas contraídas por los bolcheviques, podían ser, legítimamente, desconocidas por un gobierno diferente, en virtud de que aquellas fueron asumidas por un régimen despótico. Este desconocimiento, según el proponente, tendría que reunir ciertos extremos, a saber: a) “poder despótico”. ; b) “Deuda contraída no en interés del pueblo, sino para fortalecer el régimen despótico, para reprimir a la población que lo combate”; y c) “Conocimiento por parte del acreedor de los propósitos ilegítimos del deudor al contraer la deuda”.
Luce evidente que si se decidiera desconocer algún pacto asumido por el gobierno actual con base esa teoría, probar tales extremos ante un tribunal internacional, en nuestro caso, sería sobremanera problemático, por la naturaleza política indefinida de aquel, según los estándares políticos internacionales.  
Por otro lado ¿Cómo demostrar que la deuda contraída es para “reprimir al pueblo”? ¿Sabía la China, por ejemplo, de supuestos “propósitos ilegítimos” del gobierno de Chávez cuando concedió fondos a nuestro país?       
Esta polémica aún no saldada obliga a hacer algunas consideraciones que permitan a las nuevas autoridades gubernamentales hacer frente con responsabilidad y tino tales compromisos, siempre respetando la normativa internacional y salvaguardando los intereses nacionales.
En primer lugar, debe recordarse que los compromisos internacionales asumidos por el gobierno nacional pueden ser de diversa naturaleza. Por un lado, están los regulados por el Derecho Internacional Público; me refiero a los tratados bilaterales o multilaterales y otros instrumentos suscritos con otros países; y por otro, los asumidos por entes o empresas del estado (BANDES, PDVSA o CVG),  en los cuales entran en juego normas de derecho del comercio internacional, no necesariamente son firmados con gobiernos extranjeros, porque pueden contraerse con empresas foráneas públicas o privadas. Los primeros, por lo general, constituyen el marco general de los segundos, ya que éstos suelen ser la concreción de la voluntad política expresada en los primeros, aunque pueden tener vida propia y no estar conectados a tratados previos.
De modo que a la hora de evaluar el conjunto de compromisos (tratados, convenios y contratos) firmados por el gobierno nacional con entes extranjeros, habrá que precisar la naturaleza de cada uno de los instrumentos suscritos y examinar su estado de ejecución, para luego determinar, a la luz de las conveniencias nacionales, su mantenimiento, renegociación o terminación.
Obviamente, que la decisión que se adopte, sin duda, tendrá que hacerse con base en los principios, normas y reglas de Derecho Internacional, y de las cláusulas contenidas en los tratados y contratos respectivos. Es la conducta que corresponde a un gobierno respetuoso del estado de derecho internacional, en especial, al principio de que las obligaciones asumidas deben ser honradas en los términos que fueron pactadas (pacta sunt servanda), a menos que haya alguna razón jurídica válida que exima de tal cumplimiento.
Venezuela ha aprobado, según la Asamblea Nacional, alrededor de 320 tratados-leyes desde 1998 hasta el 2010. Estos compromisos nos ligan a países de diversas latitudes y tocan materias heterogéneas. Desde cooperación comercial, pasando por telecomunicaciones, armas, educación, tecnología, cultura, financiamiento, hasta el campo energético y el transporte. Resalta el número inusual de tratados-leyes: Irán, 14; Rusia, 19; China, 11; Brasil, 17; Bielorrusia, 16; Argentina, 15; Siria, 17; Libia, 4; Sudán, 5; Ecuador, 25; Uruguay, 18; Cuba, 5; y Bolivia, 21, entre otros.
En materia de contratos comerciales entre empresas estatales venezolanas y firmas comerciales de esos países, cientos son los instrumentos celebrados, y es en este espacio donde pueden presentarse mayores dificultades a la hora de efectuar cambios. Principalmente, son de compraventa de bienes, transferencia de tecnología, creación de empresas conjuntas y/o de financiamiento (deuda) para la ejecución de proyectos industriales, viviendas, ferroviarios, comunicaciones y agrícolas.
Como ejemplo, vale la pena referirse a los pactos VENEZUELA-CHINA, vistos por el gobierno como concreción de sus nuevas opciones estratégicas en política exterior. Han suscrito 310 compromisos (tratados, contratos y otros), sobre las más variopintas materias, lo que contrasta con apenas 20 firmados hasta 1998. Decenas de empresas chinas han concretado un sinnúmero de contrataciones con PDVSA, BANDES, PEQUIVEN, CVG, CANTV, CORPOELEC, FERROMINERA, CAVIM, FONDAFA, TELESUR, MERCAL, DIANCA y muchas otras. Se admite oficialmente que la deuda asumida llega a 32.000 millones de dólares, administrada por un Fondo Conjunto con cláusulas “de amarre” respecto de suplidores chinos para proyectos aprobados.
El cuadro con empresas rusas es similar, aunque no la extensión y los montos que han alcanzados con China; destacan las compras militares.  
Con Cuba, los compromisos son amplios y oscuros. En éstos las ventajas y liberalidades de que goza ese país son escandalosas. Para el período 2005-2010, el gobierno venezolano anunció un gasto, según datos de CIECA, de 34.400 millones de dólares para Cuba. En este intercambio de petróleo por servicios, se desconoce la fórmula para establecer el valor de los últimos (médicos, asesores deportivos, servicios educativos, etc).
La opacidad que hay en general respecto de gran parte de estos pactos internacionales hace difícil conocer hoy la magnitud y el tiempo exacto de las obligaciones asumidas. Será un problema a enfrentar, cuya solución determinará el curso futuro de las relaciones con los gobiernos de esos países.
La nueva administración venezolana se encontrará con este entramado de compromisos, frente al cual deberá asumir una posición inteligente, prudente y apegada en todo momento al derecho. Es muy probable que la renegociación de algunos de estos pactos sea lo más conveniente y viable. Siempre que su análisis lo imponga, la mayoría, a mi juicio, podrán ser denunciados y/o terminados con facilidad, sin sobresaltos o confrontaciones innecesarias,
Debe tenerse claro que anunciar el desconocimiento de esos compromisos con base en teorías controvertidas o no aceptadas por la comunidad internacional (deuda odiosa) constituiría una conducta desacertada generadora de controversias de resultados inciertos, por mucho que algún pacto o contrato haya sido suscrito en infracción de normas internas.
EMILIO NOUEL V.   
 
 publicado en Venepolicy    http://bit.ly/Diploos3

miércoles, 9 de noviembre de 2011


HIPÓLITO MEJÍA. ¿UN NUEVO HIJO DE CHÁVEZ?

El ex presidente de la República Dominicana, Hipólito Mejía, miembro del Partido de Revolución Dominicana (PRD), es candidato de nuevo a la primera magistratura de su país, luego de una fuerte pugna interna en su partido.
Durante su mandato, ése país vivió una crisis económico-financiera bastante severa, ocasionada por la quiebra de algunos bancos. Así, entre la devaluación de la moneda, una alta inflación, el rescate bancario y la huida de capitales se debatió su gobierno.
En el año 2003, Hugo Chávez denunció, sin pruebas, una supuesta conspiración de funcionarios del gobierno de Mejía para asesinarlo. En tal conjura, según el fantasioso venezolano, estaría involucrado el ex presidente Carlos Andrés Pérez, quien a la sazón vivía en Santo Domingo. Esto llevó a la disparatada suspensión de la exportación de petróleo a ése país hermano. 

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                      Juan Pablo Duarte, prócer dominicano

Posteriormente, en las elecciones de 2004 en las que pretendió reelegirse, modificación de la Constitución mediante, Mejía, acusado de nepotismo y de ser intolerante ante la crítica de la prensa, hasta el punto de encarcelar periodistas, fue derrotado en los comicios por el opositor del Partido de la Liberación Dominicana,  Leonel Fernández.
Las elecciones dominicanas próximas están pautadas para el año entrante.
Mejía es criticado por ser de talante autoritario, y en la práctica lo ha demostrado en su relaciones con los medios. Él reconoce que esa tara la llevarían todos los políticos latinoamericanos, incluido él mismo. 
Recientemente, el autor de estas líneas vio una entrevista televisiva del señor Mejía (NTN24, programa "Conexión América", 13-10-2011) en la que llamó a Hugo Chávez “segundo padre” de su país. Ciertamente, esta exaltación desmedida llama mucho la atención.
No sé qué podrán pensar los dominicanos acerca de tal exageración, que más bien parece una adulación extravagante, innecesaria e indigna, por más que Chávez esté ayudando a RD con petróleo. Colocar a Chávez al nivel de próceres como Duarte, Mella o Sánchez, es un despropósito que insulta la memoria de éstos.
Sobre todo, porque sabemos que el presidente venezolano no otorga facilidades a ese país por razones sinceras de solidaridad o cooperación, sino por interés político.  Todo lo que sirva a su proyecto ideológico de poder militarista dictatorial, todo lo que lo mantenga al frente del gobierno, lo hará. Su estilo es comprar lealtades, conciencias y neutralidades, dentro y fuera de nuestro país.
Obviamente, como bien podría decir el campechano y populachero Mejía, “a nadie le amarga un dulce”. Una ventaja nadie la rechaza, ni esperamos otra conducta de quienes tienen la oportunidad de aprovecharla.
Lo que no nos termina de cuadrar en esta actitud, es que para seguir gozando de la ventaja alguien tenga que humillarse y llegar a extremos deshonrosos.  Aún no siendo dominicano quien esto escribe, sin embargo, se siente chocado por la equiparación impropia de Mejía. “Segundo padre de los dominicanos”, ¡Por Dios¡
Los gobiernos democráticos venezolanos fueron los que crearon el acuerdo para el suministro petrolero a precio preferencial a los países del Caribe. No fue Chávez, por si a alguien se le ha olvidado.
Con este caso de Mejía, me pregunto si para llegar al poder es necesario que los políticos rindan impúdicamente sus principios en el altar de las conveniencias crematísticas. El "realismo pérfido" del que hablaba Octavio Paz no debería llegar a tanto.


                                   
                                    Arz.  Adolfo Nouel B.


Quiero finalizar recordando las palabras de un gran dominicano, quien fue presidente de su país en un momento muy difícil a comienzos del siglo XX, y que debería releer el señor Mejía: "Convengo en que por la Patria debemos sacrificarlo todo; pero ni ella ni nadie puede exigirnos el sacrificio de nuestra dignidad y nuestra conciencia".   Ese dominicano no fue otro que el Arzobispo Adolfo Alejandro Nouel y Bobadilla.

EMILIO NOUEL V.

viernes, 4 de noviembre de 2011

UNA CONTRALORÍA DE RODILLAS

                           


La función contralora, indispensable y necesaria en todo estado moderno, viene de lejos en el tiempo. Y en un Estado de derecho que respete la separación y autonomía de los poderes públicos, aquella función es crucial. En Venezuela,  el órgano llamado por la Constitución y la ley a vigilar por el correcto uso de los dineros públicos, no lo hace debidamente, amén de que está siendo utilizado con fines políticos, y el capítulo arbitrario de las inhabilitaciones electoraless lo demuestra.
Son miles las denuncias de irregularidades administrativas formuladas durante los 13 años del gobierno actual, caídas en saco roto. Cientos de pruebas han sido presentadas, incluso por parlamentarios, señalando presuntas violaciones cometidas por funcionarios de todo nivel, sin que hasta la fecha se conozcan resultas de las investigaciones ni mucho menos sanciones.  
Desde el Plan Bolívar 2000, pasando por PDVSA y PDVAL, hasta las emisiones de bonos de deuda, escándalo tras escándalo, hemos visto la indiferencia -¿cómplice?- de la Contraloría ante los principales responsables de estos delitos contra el erario público. ¿Donde están las averiguaciones?
Sin duda, la Contraloría no ha cumplido con su cometido; ha faltado gravemente a su deber. Como todas las instituciones, también ésta ha sido envilecida, desnaturalizada, corrompida, puesta de rodillas al servicio de una camarilla ávida de poder y riquezas, e inspirada en una ideología demencial. Para rematar el cuadro de irregularidades, no se ha realizado la elección del nuevo contralor, una vez producida la falta absoluta de su titular.
El contralor debe ser elegido por la Asamblea Nacional. A tal fin, el Consejo Moral Republicano debe convocar un Comité de Evaluación de Postulaciones (CEPPC), el cual debe estar integrado por diversos sectores de la sociedad. Este Comité debe abrir un proceso público, de cuyo resultado se escogerá una terna, que luego se somete a consideración de la Asamblea. Ésta, mediante el voto de las 2/3 partes de sus integrantes, escogerá en 30 días continuos, al titular de la Contraloría. Si no hubiese acuerdo, el Poder Electoral someterá la terna a consulta popular. No obstante, si el Poder Ciudadano no realizara el proceso señalado, la Asamblea deberá proceder dentro de un plazo que determine la ley, a la designación.
Clodosbaldo Russian falleció el día 20 de junio de 2011, es decir, han pasado 140 días. Esta falta absoluta debió activar al Poder Ciudadano. 
¿Por qué no se cumple este mandato constitucional? Obviamente, el gobierno no tiene los votos para designar un contralor de su confianza que siga apañando vagabunderías que se cometen impunemente.  
Éste es un tema que los venezolanos no deberíamos dejar pasar por debajo de la mesa. Harían bien los diputados democráticos en plantear este asunto importante. Los ciudadanos aspiramos a que se nombre un contralor que vigile de verdad los dineros de todos con escrupulosidad, transparencia y apego a la ley. Que no se preste a las trapisondas que maquine el gobierno contra sus oponentes.

EMILIO NOUEL V.