miércoles, 4 de enero de 2017


           LAS RELACIONES DEL CHAVISMO CON TRUMP Y PUTIN : UNA INCÓGNITA
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El futuro inmediato responde a carambolas, a estímulos convulsivos, sin

patrones ni pautas.(…)  Los análisis convencionales no sirven y los

vaticinios deductivos se han vuelto pensamiento ilusorio, wishful thinking:

bagatelas”

Ignacio Camacho


No poca tinta se ha vertido acerca de las ínfulas de Vladimir Putin de colocar a su país en el sitial que tuvo la Unión Soviética en otros tiempos. Es harto conocida su lamentación acerca de la caída de la URSS: “la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX”.
La política de Putin estará orientada a recuperar la presencia e influencia internacional de su país. La restauración del orgullo imperial de la ‘Gran madre Rusia’ ha sido el objetivo.
Aunque Rusia no conserva el ímpetu y la fuerza decisiva de que dispuso su antecesora y las circunstancias no son las mismas, ese país, por su tamaño, significación geopolítica, recursos y relativo poder militar, es un actor a considerar en el mundo de las relaciones internacionales presentes, aunque tampoco habría que exagerarlo.
El que fue su contendor después de la Segunda Guerra Mundial, EEUU, a pesar de que mantiene un poder económico, tecnológico y militar casi indiscutible, hoy no goza del mismo poder omnímodo que tuvo. 
La potencia más grande de nuestro hemisferio y del mundo, “la sociedad punta de nuestro tiempo” (Vargas Llosa dixit), a ratos se repliega sobre sí misma, o bien por causa de sus problemas particulares, para atender otras prioridades (Irán, Siria, Israel, Ucrania), por pérdida de poder global o porque que se siente impugnada por algunos actores. El “hiperpoder” de otros tiempos ya no existe, ha mermado, es discutido y hasta ignorado, incluso por micropoderes que derivan su influencia de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, como lo ha bien subrayado Moisés Naim.
Estamos ante una redistribución mayor del poder mundial en la que otros actores cobran mayor incidencia y peso, los que no disponiendo de capacidad para imponer su perspectiva, sin embargo, pueden obstaculizar las iniciativas de otros, incluso de los más grandes.
La disminución del poder internacional de EEUU, se ha atribuido a que no existe la misma confianza de sus aliados tradicionales en su liderazgo, y a que sectores importantes de su población desea un rol global menos activo.
En la actualidad, mucho se debate sobre un “mundo sin orden”, “un mundo salido de eje” o de la “era del desorden”, en el que grandes potencias hegemónicas, han perdido poder o no desean asumir el papel de garantizar la gobernanza global.
Richard N. Haass ha señalado que estamos ante la desintegración del orden de la posguerra fría y un mundo menos pacífico, menos próspero y menos capaz de resolver los desafíos de la guerra.
Kissinger, en su último libro, World Order, llama la atención sobre la idea de que han surgido concepciones opuestas a un orden basado en reglas establecidas en los tratados internacionales, siendo el caos una amenaza en todos partes, en un entorno de interdependencia nunca antes visto.
Estas nuevas e inquietantes realidades mundiales en las que el poder está más repartido entre un mayor número de actores, nos indican que quizás estemos viviendo un cambio de época, que trae consigo desafíos desconocidos.
Es bajo esta nueva situación mundial en que Rusia se hace muy activa en Latinoamérica, que el gobierno chavista, desde sus primeros años, inició un cambio estratégico en las prioridades internacionales de nuestro país. 
Así, los tradicionales y principales socios son puestos de lado y/o colocados al mismo nivel que los nuevos, y entre éstos, está la Rusia de Putin.
Los acontecimientos políticos de los años 2001 y siguientes en Venezuela profundizarán esa nueva relación preferencial, que se convertirá en una “asociación estratégica”. Alrededor de más de 50 acuerdos y contratos se han suscrito entre ambos países. Chávez visitó Rusia 9 veces, y Maduro algunas. Han sido muy intensas las reuniones y visitas mutuas entre los dos gobiernos. Resaltan los contratos y créditos sobre armamentos (12 mil millones de dólares). Las empresas del sector energético: Rosneft, Gazprom, TNK-BP, Surgutneftegaz, y la privada Lukoil, están presentes en desarrollos en la Faja Petrolífera del Orinoco y otros sitios. Venezuela es el segundo socio comercial de Rusia en la región.
El embajador ruso, V. Zaemsky, en 2015 declaró: “tenemos unas excelentes relaciones políticas, una coincidencia en las posiciones internacionales (…) hemos tenido una base muy sólida en las relaciones económicas”.
Y en efecto, hoy existen importantes afinidades en políticas entre los dos países. Tienen visiones coincidentes, sobre todo, de cara a poderes como EEUU o la Unión Europea.
Para Rusia, las orientaciones en política internacional del gobierno venezolano convergen con el deseo de su dirigencia de erigirse en una superpotencia global que desafíe la influencia a los demás poderes mundiales. De este modo, Venezuela se convierte en una ‘cabeza de playa’ en América Latina y el hemisferio.

Con la llegada de Trump a la Casa Blanca, cabe preguntarse la relación que tendrán EEUU y Rusia. Las carantoñas entre Putin y Trump han dado mucho de qué hablar. Los poderes institucionales y fácticos de EEUU ¿qué posición asumirán frente a este “coqueteo”?  ¿Cómo queda Venezuela en esta eventual entente? ¿Y Cuba, tan cercana al despotismo venezolano?
El supuesto aislacionismo de Trump ¿permitirá que Rusia se instale cómodamente en América Latina?
Y la China, ya entronizada con armas y bagajes en nuestra región hace varios años ¿Qué pito tocará en todo este desconcierto?
Para pitonisos quedan los pronósticos. Teorías y paradigmas de pensamiento se están mostrando incapaces para avizorar hacia dónde va el mundo, y con mayor razón, si quienes tienen la sartén por el mango, son tan impredecibles como el señor Trump y otros.
¿Qué pasará en una Venezuela metida en este entorno tan enmarañado? ¿Le interesa Venezuela a Trump o a Putin? ¿Se pondrán de acuerdo respecto de nuestro destino? ¿Podremos sustraernos de la “lógica” de esas potencias y resolver nuestra crisis al margen de ellos o seremos un peón más de ese ajedrez?

miércoles, 28 de diciembre de 2016


EL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI, ODEBRECHT  Y EL NUEVO REVENTÓN DE CLOACAS


Cierran con broche de oro el año la asociación transnacional para delinquir conocida como Corruptos sin fronteras y el socialismo del siglo XXI.

En esta ocasión son las investigaciones sobre los negociados ilícitos de la empresa brasileña Odebrecht y el inicio del proceso penal contra la señora Kirchner, los que hacen estallar la cloaca.

Ya era vox populi que aquella poderosa firma mercantil obtenía enormes contratos bajo el ala de altos funcionarios del gobierno brasileño, mediando, por supuesto, ingentes sobornos dentro y fuera  del país. 

Lo eran también las repugnantes denuncias contra la mafia kirchnerista, cuyas andanzas han quedado al descubierto con abundante documentación, incluso fílmica.

Y la diplomacia bolivariana no podía quedar por fuera de esta deriva podrida.

En tanto que actor principal de una danza de miles de millones de dólares provenientes de contrataciones públicas transfronterizas logrados por métodos nada sanos, Odebrecht gozaba de los favores y la protección de políticos de diversas ideologías, que en los últimos años se ubicaban, principalmente, en el campo del izquierdismo suramericano, verbigracia, el lulapetismo, el chavismo y el kircherismo, cuyos gobiernos cabalgaron sobre la última ola de altos precios de los commodities.

Sólo en Brasil se había iniciado la investigación de esta enorme corrupción, aunque se conocía las conexiones con gobiernos de otros países. 

Cómo una corriente política que se vanagloria de luchar por los más pobres y necesitados, que se llena la boca de una retórica contra las oligarquías y se rasga las vestiduras enarbolando un discurso anticorrupción, pudo contagiarse hasta los tuétanos de la mayor porquería nunca vista en materia de negociados ilegales con las administraciones gubernamentales de la región.

Es la pregunta que se hacen los ingenuos que creyeron en la supuesta sinceridad y honestidad de estos revolucionarios, que históricamente no se han comportado en la práctica de otra manera.

Una vez más dan muestras de su tartufismo en funciones administrativas públicas.

De “Asociación destinada a cometer delitos” habla el juez de la causa contra Cristina Kirchner. En cristiano: delincuencia organizada, banda creada para robar al fisco nacional.

En Venezuela, la corrupción militar-cívica ha alcanzado en los últimos lustros cotas inauditas. En términos cuantitativos, se pierde de vista si la comparamos con la kirchnerista.

Lo que diferencia la situación venezolana de las demás es una grosera impunidad. El control de los tribunales por parte de la tiranía que impera en nuestro país impide que se persiga y sancione la delincuencia que se ha enseñoreado a lo largo y ancho del aparato del Estado.

El latrocinio, como siempre, a quien perjudica mayormente es al pobre. Es dinero que se sustrae de las obras y servicios públicos que los más desprovistos de recursos de la sociedad requieren.

Sin leyes adecuadas ni jueces independientes, en ausencia de transparencia en la administración gubernamental, y sin una voluntad política para combatir la corrupción administrativa dentro y fuera de los ámbitos nacionales, la delincuencia política transfronteriza, como parece ser el caso de nuestra región latinoamericana, perdurará y causará enormes daños a nuestras naciones.   

Sin embargo, y a pesar de todo, este fin de año concluye con buenas noticias. Brasil y Argentina, sus jueces y fiscales, están asestando duros golpes a un flagelo social destructor, que hoy tiene nombre y apellido: el populismo izquierdista del socialismo siglo XXI.  

EMILIO NOUEL V.

lunes, 26 de diciembre de 2016


         CATASTROFISMOS Y EL MUNDO POSIBLE

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Obviamente, si lo ves, por ejemplo, desde las ruinas y las calamidades inconmensurables de una ciudad como Aleppo, el mundo es una desgracia, un fracaso, y pocos motivos habría para pensar el futuro con optimismo.
Y ciertamente, tenemos al frente de nosotros, en general, situaciones sociales en el planeta muy lamentables, que demandan remedios urgentes.
Los pesimistas contribuyen mucho a profundizar un entorno desesperanzador, cuando siempre subrayan lo peor, y en el mejor de los casos, los vasos medio vacíos.
Los demagogos y populistas, desde sus intereses políticos particulares y cálculos electorales,  resaltan en todo momento lo malo, y hasta enormes mentiras fraguan, todo con el objetivo claro de tomar el poder a como dé lugar. Trump es el ejemplo más reciente, y ni hablar de los lideres de países en los que hay elementos reales para alimentar la retórica apocalíptica. Los que hoy gobiernan a Venezuela llegaron al poder inventando o exagerando los problemas que nadie negaba.
No obstante, puede afirmarse que el mundo, en general, no está peor que antes como los agoreros y catastrofistas gustan de echarnos en cara. Y no es verdad que todo tiempo pasado fue mejor.
In the long run, si a las cifras duras nos remitimos, el panorama no es tan sombrío como hace 100 años o más, a pesar de que persisten asuntos graves que requieren soluciones.
Se  ha pretendido atribuir a la interdependencia global -la globalización- casi todos los males que hoy padece el mundo. Claro, ella no es un lecho de rosas. Como la vida, tiene sus retos amenazadores,  duros obstáculos a superar, pero en su mayoría predominan los aspectos beneficiosos, que sólo hay que potenciar, contrarrestando o minimizando los que puedan perjudicarnos, en tanto que país, empresa o individuo.
Malas noticias siempre hay y las habrá. Situaciones tristes y lastimosas observamos en muchas regiones del mundo. Sin embargo, estamos convencidos de que ellas no son tanto por causa exclusiva de la globalización como de condicionantes internos a los países, de las erradas políticas gubernamentales, entre otros factores.
Recientemente fue publicado un cuadro comparativo entre los comienzos del siglo XIX y la actualidad, sobre 6 aspectos sociales: pobreza extrema; educación básica; alfabetismo, democracia, vacunaciones y mortalidad infantil. La conclusión es que el mundo ha avanzado y mejorado sustancialmente en esos rubros. De ellos, el más rezagado en términos relativos, es el de la democracia.
Aún, no hay duda, debemos avanzar en esos campos y muchos otros.  
Graves e ingentes problemas requerirán de muchos esfuerzos de los gobiernos del orbe. Sólo la cooperación y la integración estrechas entre ellos tienen la capacidad de propiciar con mayor celeridad  su resolución. Sin amplio diálogo e intensa confluencia en la acción, los caminos no se abrirán y la aplicación de los correctivos se demorarán. 
Nuestro planeta tiene ante sí grandes desafíos: ideologías políticas siniestras, terrorismo, tribalismos nacionalistas exacerbados, enfermedades, proliferación de armamentos de destrucción masiva, delincuencia transnacional y los derivados del comercio ilícito, los cuales, para enfrentarlos, exigen de los países vías de concertación efectiva. Es probable que esta visión consensuada y compartida se logre, principalmente, entre grupos de países que estén dispuestos a asumir de forma realista la cooperación como medios para ello. Solo queda esperar que un número creciente de ellos se incorpore de manera decidida a esa tarea impostergable.  
En nuestro hemisferio, a pesar de las frustraciones y desencuentros, pueblos, organizaciones y líderes que hacen vida en él tienen una grave responsabilidad. Se ha construido por décadas una institucionalidad que persigue el entendimiento entre los países, la unión económica y la paz, y aunque adolece de insuficiencias y fallas, es menester superarlas con sentido de responsabilidad y no con afán destructor, toda vez que hacia adelante no hay más que un futuro juntos. “Todos somos americanos”, Obama dixit.
Por los siglos de los siglos vamos a convivir, más allá de las diferencias, de allí que la supresión de las confrontaciones inútiles, el trafico de ideas y el incremento del intercambio económico sean las claves de un porvenir provechoso. 
Popper dijo una vez que “El optimismo es un deber y el futuro está abierto”. 
Aquí no aludimos a un optimismo al margen de las realidades, a fantasías irrealizables.   
Y más allá de aquel ‘deber’, hay cifras reales confiables que nos indican que el mundo va dejando atrás sus males. Que un mayor número de personas accede a estándares  superiores de salud, educación y tecnologías.
No se trata de estar conformes ni de entregrarse a una vida inerte en espera de que un supuesto curso inexorable de la vida conducirá a un mundo más habitable para todos.
Pero tampoco debemos permitirnos caer en el nihilismo absoluto, y ser presas fáciles de los catastrofistas, a quienes nada les acomoda y se niegan a reconocer los progresos concretos del ser humano, inmersos como están en utopías insensatas y en la búsqueda de mundos perfectos imposibles, que conducen a infiernos sociales, éstos sí, muy reales.

EMILIO NOUEL V.

@ENouelV  

miércoles, 14 de diciembre de 2016

     EL SOLDADO DESCONOCIDO DE UGALDE

    

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Desde hace un tiempo, amigos de fuera de Venezuela me han hecho una pregunta que hoy pareciera que pretende responder el sacerdote Luis Ugalde.

En varias ocasiones, este año, me han solicitado una opinión escrita (artículo) sobre si no se avista en horizonte del país y en la institución armada una suerte de Wolfgang Larrazábal que propicie una salida de la tiranía militar-cívica que hoy desgobierna a Venezuela, e inicie un proceso de  recuperación de la democracia.

Como sabemos los venezolanos de mayor edad, y lamentablemente lo desconocen millones de jóvenes hoy, Larrazábal fue la figura que encarnó públicamente, desde la institución militar, el derrocamiento del dictador Pérez Jiménez el 23 de enero de 1958. A partir de entonces se inició el período de la democracia civil en nuestro país, la que en los últimos 3 lustros ha pretendido desmontar una banda mafiosa, ignorante y corrupta, revestida de una retórica supuestamente liberadora, pero que en esencia es la barbarie autoritaria fascista en acción.

Mi opinión, dentro de las limitaciones que tengo respecto de cómo se bate el cobre realmente entre los milicos, ha sido que tal personaje militar con liderazgo y mando suficiente no lo veo, aunque el repudio al gobierno a lo interno de esa institución, me atrevo a afirmarlo, debiera ser el mismo que vemos en el 80% y más de los venezolanos. Del desastre económico, las arbitrariedades y el latrocinio, sin mencionar otros delitos en que estén presuntamente incursos ciertos oficiales de alto rango, son víctimas también los militares y sus familias.

Según Ugalde, esta nueva versión de “Larrazábal” debe estar en algún lado, y como la original, sería obviamente desconocida por los venezolanos de a pie, en la actualidad.

En una institución militar que los entendidos dicen que está descoyuntada e ideologizada, con cadenas de mando poco claras, mediatizada por los cubanos, y en la que los tradicionales principios de mérito, conocimiento técnico y disciplina han sido sustituidos por la lealtad perruna a un grupo de poder político, valdría la pena preguntarse qué tipo de “Larrazábal” redivivo podría revertir y superar esa situación a lo interno de las fuerzas armadas y encabezar y/o propiciar un gobierno de transición como el que Ugalde propone.   

Tiene razón el jesuita cuando afirma que un gobierno distinto al que está destruyendo a Venezuela debe contar con el respaldo de la fuerza militar, y que uno sin este último duraría muy poco.

Es atinado también Ugalde en el conjunto de medidas que estaría obligado a tomar un eventual gobierno de transición.  

Quien escribe esta líneas lleva en su ADN un rechazo profundo a todo gobierno militar y con más razón, a uno militarista como el que padecemos. Soy muy escéptico al respecto, y desconfío de militares en funciones de gobierno. La Venezuela actual es prueba fehaciente de la chapuza gubernamental más estruendosa de aquellos.

No obstante, entiendo las realidades de la política y sus imperativos, más allá de las preferencias y reservas personales.

Con todo y sus grandes defectos apuesto al liderazgo civil que nos hemos dado en esta lucha casi agónica e interminable. Estoy consciente de las fallas, algunas de bulto, que nuestros partidos políticos han tenido y tienen.

No ha sido fácil trabajar unidos en el rescate de las libertades y la democracia. Tengo mis dudas sobre si la pluralidad de opiniones e iniciativas libérrimas en el seno de la unidad de las fuerzas democráticas, sea una virtud a reivindicar bajo las circunstancias que vivimos. Sin Unidad de estrategia y de acción, sin férrea disciplina de sus dirigentes, sin un único discurso y sin poner de lado las ambiciones parciales, será muy difícil salir del hueco en el que estamos hundidos.

Sólo aspiro a que aquellos fallos de la Unidad sean corregidos sobre la marcha, y a la brevedad.  

Ugalde ha reiterado un planteamiento que debe ser valorado, pues implicaría adoptar una clara política de largo plazo y coyuntural hacia un sector de nuestra sociedad con el que hay que contar, pero desde una visión de sociedad en la que la institución militar tiene un papel importante de seguridad que cumplir, que no es el de gobernar, toda vez que esta función corresponde en todo país civilizado y moderno, al poder democrático civil.  


EMILIO NOUEL V.

@ENouelV






lunes, 5 de diciembre de 2016

             MERCOSUR: OTRO LEÑAZO DIPLOMÁTICO

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La medida mediante la cual se declara el cese del ejercicio de los derechos que había adquirido el país en tanto que miembro de Mercosur, sin duda, es otro leñazo diplomático que recibe el gobierno militar-cívico de Venezuela, que profundiza su aislamiento y evidencia el rechazo que su conducta antidemocrática interna tiene en la comunidad internacional. 
Basta ver las declaraciones de los cancilleres de los países fundadores de ese bloque comercial, para confirmar las reales razones de tal sanción vergonzosa, que se viste de incumplimiento de compromisos formales asumidos, a pesar de las interpretaciones incongruentes y hasta contradictorias que se emiten.


Ciertamente, el gobierno venezolano ha sido un irresponsable al no hacer lo que debía en materia de aprobación de un amplio número de normativas exigidas por el ingreso al proceso integrador.

Eso se explica por su ignorancia de lo que implicaba tal incorporación en términos de obligaciones contraídas y a la dejadez gubernamental ante ellas. Desde el 2012, la Asamblea Nacional controlada por el chavismo debió asumir parte de la tarea y no la cumplió. El Ejecutivo tampoco hizo lo que le correspondía. Contaban con la vista gorda cómplice de los gobernantes amigos que tolerarían tales infracciones.


Por supuesto, hay una razón más de fondo, y es el motivo que llevó a Chávez a buscar la adhesión a Mercosur, que en nada se relacionaba con los principios económico-comerciales de ese bloque, sino con una visión político-ideológica. De allí que la negociación, en mucho, improvisada, no se haya realizado a partir de los naturales presupuestos de toda tratativa sobre la materia. Sólo importaba meterse en un “club” en el que estaban unos líderes que compartían un mismo plan geopolítico para Suramérica.

En su enfoque estatista disparatado, Chávez sólo ofrecía petróleo y los productos de las empresas del Estado. El sector privado no iba a jugar papel alguno; de hecho, no fue consultado para tomar la decisión de ingresar al bloque.

Chávez desdeñó el hecho de que las economías de los otros países se comportaban de otro modo, respetando las reglas básicas de mercado, a pesar de las orientaciones ideológicas de sus amigos gobernantes. Creía que un modelo de economía colectivizada podría convivir con economías que aceptan principios de libre competencia capitalista.  

La chapuza en lo de Mercosur, como en todo lo que hace el gobierno chavista, se exteriorizaría en cualquier momento. Y éste llegó cuando cambiaron los gobiernos en el entorno mercosuriano, coincidiendo con una ralentización y/o estancamiento del bloque comercial, que comenzaba a demandar nuevas orientaciones y una apertura al mundo, frente a las que el gobierno venezolano no es más que una rémora que podría empantanar las iniciativas que se adelantaran, sobre todo, cuando él se ha autoexcluido de las negociaciones en marcha.

No obstante, para Venezuela, el Mercosur comercial significa hoy muy poco bajo las condiciones internas presentes. Estar o no allí, daría lo mismo. No hace falta ser miembro de Mercosur para vender lo que vendemos o comprar lo que compramos, en las condiciones que vive nuestro país.

Que haya cesado el ejercicio de nuestros derechos -sea lo que sea que esto signifique para los políticos y juristas intérpretes- mientras no se cumplan ciertos requisitos, nada quita ni pone al estado “vegetativo” actual del país dentro del bloque, a su irrelevancia en su seno.

Por lo demás, si nos atenemos a los insultos y maltratos de Maduro y su canciller de cara a los gobiernos de Mercosur, pareciera que no tienen interés alguno en enmendar los errores, a pesar de las grotescas, impropias y ridículas declaraciones en que manifiestan que nadie los sacará del bloque, cuando en los hechos estamos fuera. 

Quizás sea ésta una oportunidad para renegociar nuestra participación allí. Claro, ya sería con otro gobierno, que sostenga una visión muy distinta sobre cómo debe relacionarse el país en los espacios económicos globales, más en sintonía con las grandes tendencias comerciales imperantes. Porque el que tenemos no comprende lo que es la dinámica del mundo de hoy, ni tiene la capacidad para adelantar políticas que en lugar de rezagarnos o empobrecernos como sociedad, dé impulso a nuestra economía, colocándola en un sitial que le permita crecer y producir competitivamente de manera sostenida, todo en función de un amplio bienestar social. 

EMILIO NOUEL V.
emilio.nouel@gmail.com  

martes, 15 de noviembre de 2016

TRUMP Y LAS TRADICIONES DE EEU EN POLITICA EXTERIOR



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En días pasados asistimos a un conversatorio organizado por el think tank venezolano, Grupo Ávila, en el que se hizo una primera aproximación evaluativa del triunfo de Trump y  sus posibles repercusiones  en nuestro entorno más cercano.


Los tres ponentes, destacados especialistas venezolanos en el ámbito internacional, hicieron unas excelentes presentaciones, cada uno desde distintas perspectivas.

Cualquier observador de la realidad internacional se habrá percatado sin mayor dificultad de la avalancha de opiniones vertidas en los medios globales, que expresan desconcierto, incertidumbre e incógnitas sobre cuál será el comportamiento del nuevo mandatario norteamericano.

Las consecuencias no son fáciles aún de prever en toda su magnitud, habida cuenta de las declaraciones contradictorias emitidas por el personaje principal de esta trama, sobre cruciales asuntos económicos, políticos y de seguridad que preocupan a todos.

Unas preguntas que debemos hacernos de arrancada son las relativas a los lineamientos de la política exterior de Trump que en lo sucesivo adelantará. ¿Cuál será realmente su agenda prioritaria? ¿Hasta dónde llegará el ensimismamiento -el llamado aislacionismo- que se desprende de su retórica? ¿Será posible concretarlo?  ¿en qué términos? 

El rol decisivo que hasta ahora ha jugado EEUU en el mundo ¿se reducirá?  ¿Se podrá sustraer de sus responsabilidades e intereses globales, así nomás?  ¿A cuál de las tradiciones en política exterior norteamericana se adscribirá Trump, o implantará una nueva doctrina?

Es conocida la clasificación que ha hecho Walter Russell Meade acerca de las distintas visiones que han estado presentes en la conducta internacional de EEUU a través de su historia. Jeffersonianos, Hamiltonianos, Jacksonianos y Wilsonianos.  Y no debe olvidarse que George Washington en cierta ocasión dijo: La gran regla de conducta para nosotros respecto de las  naciones extranjeras es, a la vez que extender nuestras  relaciones comerciales, tener con ellas tan poca relación política como sea posible.".
¿En cuál de aquellas tradiciones se inscribirá el gobierno de Trump?

Porque una cosa es el Trump de la retórica electoral, el que carece de experiencia de gobierno y militar, y otra lo que será su ejecutoria en la Casa Blanca.

¿Será jacksoniano y en tal sentido, Trump, en tanto que populista como Jackson, seguirá la idea de que el objetivo más importante de todo gobierno norteamericano es el de lograr como prioridad, la seguridad física y el bienestar económico del pueblo estadounidense, privilegiando los valores nacionales y el honor patrio, y viendo la política como un asunto más de instintos que de ideologías, “un conjunto de creencias y emociones que uno de ideas”?

Esta visión muy popular en los ciudadanos de a pie norteamericanos, que no en las elites cosmopolitas, ha hecho pensar a algunos en que Trump se ubica en esta tradición.

El patriotismo jacksoniano es una emoción, como el amor a la familia de uno, no una doctrina. La nación es una extensión de la familia”, ha afirmado Meade. Los de esta escuela creen que es natural e inevitable que la vida y la política nacionales operen bajo principios distintos a los que predominan en los asuntos internacionales.

Para ellos, la comunidad internacional por la que los wilsonianos trabajan, es una “imposibilidad moral, una monstruosidad moral”.

La consecuencia lógica de esta visión de cara a un mundo es que EEUU esté permanentemente vigilante y fuertemente armado. Así, esta perspectiva concede poca importancia al derecho internacional, y prefiere la regla de la costumbre al derecho escrito.

Recordemos que Andrew Jackson fue quien reconoció en 1837 a la República de Texas, que luego pasó a formar parte de ese país, y consideró al Banco Nacional una institución anticonstitucional y antidemocrática, porque privilegiaba a unos pocos frente a la mayoría.  ¿Estamos hoy ante un posible “neojacksoniano”?

Aunque es muy temprano para saber por “dónde irán los tiros” en esta materia, como en otras, me inclino a pensar que para Trump será harto difícil recoger velas en el campo de una economía profundamente globalizada. Factores estructurales se lo impedirían. Y es muy probable que gran parte de sus promesas en este campo sean incumplidas.

Obviamente, wilsoniano no será, ni sentirá la obligación moral de éstos de proyectar al mundo los valores democráticos norteamericanos, aunque no podrá hacerse de la vista gorda frente a los compromisos de mayor peso adquiridos por su país en los organismos multilaterales en relación con los temas de democracia y derechos humanos.
Su discurso de campaña electoral conectó con los valores jacksonianos presentes en la sociedad estadounidense, pero albergo muchas dudas de que lleve a la práctica una política exterior en estilo puro o de remozado jacksonianismo.

Por lo demás, EEUU nunca en su historia estuvo aislado del mundo, volcada sobre sí misma, como a veces se afirma. Incluso antes de su independencia, estaba vinculado al mundo en lo comercial y dependía del comercio exterior. Luego de ese hecho, llevó adelante la consecución de principios de lo más hamiltonianos en materia de  intercambio mercantil con el exterior. No sea, no ocean, no strait should be closed to American ships” era el lema. Su política expansionista territorial es prueba de su presencia internacional durante el siglo XIX y más allá. Obviamente, fue a partir del final de este siglo que su presencia mundial se agranda para más adelante convertirse en la primera potencia. Será muy cuesta arriba que Trump se aparte de la política de los hamiltonianos, los cuales se han concentrado siempre en la búsqueda de una integración a la economía global en los mejores términos en función de los intereses y las necesidades de su país.

Lo más probable es que el gobierno de Trump y éste, como hombre pragmático que es, combine las distintas tradiciones en política exterior de EEUU, de acuerdo a cada circunstancia que enfrente, sin olvidar que hay unos factores estructurales e institucionales, incluidos los poderes fácticos, que lo meterán en cintura, lo cual hace augurar desencuentros que en no pocos momentos harán difícil su performance gubernamental, habida cuenta del país prácticamente polarizado que ha resultado de la contienda electoral.   

EMILIO NOUEL V.    

miércoles, 9 de noviembre de 2016


       TRUMP Y LA CAMISA DE FUERZA

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“Un loco a cargo del manicomio”

JOHN CARLIN


El triunfo de Donald Trump en las recientes elecciones norteamericanas no ha dejado a nadie indiferente.

Los que andaban ya preocupados por la posibilidad de que ello ocurriera, consumada la victoria electoral, ahora son presa de la incertidumbre, cuando no, de la conmoción.

Y no es para menos. La particular retórica del Trump candidato, su estilo y los contenidos emitidos durante su campaña presidencial, anunciaban, de ganar, una tormenta de múltiples dimensiones.

Su discurso populista, que como tal, se alimenta y explota los problemas reales de la gente, de sus rabias, resentimientos y angustias, para los cuales tiene soluciones tan simples como falsas, fue calando en una ciudadanía que ha visto mermar su calidad de vida, sobre todo, a partir de la crisis financiera desencadenada en 2008.

Echando mano de algunas verdades, de muchas medias verdades y sobre todo, de grandes mentiras, logró que un electorado mayoritario le comprara la oferta engañosa. Señalando supuestos culpables y causas (mexicanos, musulmanes, establishment de Washington, las élites)  alcanzó montar un catálogo de chivos expiatorios, que, bien visto, no resiste un análisis serio. Y como siempre ocurre en estos casos, abrió una honda brecha entre los ciudadanos de su país.

¿Qué podemos esperar los mortales de este planeta del gobierno de este impresentable personaje?

Lo primero que debe decirse, es que si bien estará al frente de la potencia más grande, cuyo ámbito de acción abarca el globo terráqueo, de allí su significación para todos, afortunadamente, ése país dispone de una “camisa de fuerza” democrática conformada por instituciones políticas y sociales consolidadas después de más de 200 años que controlarán cualquier desaguisado eventual que pretendiera perpetrar Trump.

Incluso, líderes de su mismo partido podrían servir de freno en el parlamento a un disparate político, económico o militar.

De modo que en tal sentido espero que él no lo tenga fácil, para bien de su país y el mundo.

Por su parte, los europeos están preocupados y con razón. Hay nervios en los mercados globales, a pesar de las palabras tranquilizantes de Trump al día siguiente de las elecciones. No sólo el tema comercial y/o económico (TTIP o TAFTA, y otros asuntos) es motivo de consternación. El de seguridad (OTAN) también, vistas las carantoñas entre Putin y el magnate, ahora presidente electo. No olvidemos que en Europa ha prendido también el populismo en sus dos versiones: izquierda y derecha, y este triunfo de Trump, con seguridad, los estimulará para seguir en su deriva anticomunitaria absurda. Solo una Europa unida está en capacidad de actuar como contrapeso a un Trump insensato.

Para América Latina, este nuevo gobierno norteamericano plantea desafíos no desdeñables, en especial, si se produce un cierto grado de ensimismamiento de parte de aquel, que conlleve una mengua acentuada en las necesarias relaciones de cooperación e integración hemisféricas, ya de por si descuidadas en los últimos años, a pesar de los intentos recientes de reactivarlas. Además de los gobiernos, un papel importante deberá jugar la sociedad civil hemisférica, en todas sus manifestaciones. A esta tocará hacer las presiones para que las distintas aspiraciones e intereses económicos y sociales tengan concreción en un marco de relaciones internacionales que apunten a la prosperidad y el bienestar compartido.  

Particularmente, a los mexicanos les corresponderá enfrentar un reto particular,  habida cuenta de que el tema de la migración, piedra angular del discurso demagógico y falaz de Trump, los toca muy directamente. Lo comercial estará, igualmente, en el centro de esta relación bilateral en el marco del TLCAN, en caso de que el tratado sea denunciado o modificado.

EEUU no podrá sustraerse de los problemas pendientes de la paz, la seguridad colectiva y la estabilidad política en el continente, por más que Trump quiera aislarse. Quizás esta materia, de alguna manera encaminada en años recientes, sea un issue de difícil abordaje con el nuevo gobierno estadounidense. Cuba, Colombia y Venezuela están allí.

¿Qué tipo de relaciones mantendrá el gobierno chavista con Trump? ¿Serán más tensas?  ¿Seguirá Trump los lineamientos y gestiones actuales del Departamento de Estado respecto de nuestro país?

Quizás, por ahora, sea prematuro aventurar conjeturas en este asunto, lo cual nos deja aún más en el terreno de lo incierto y nebuloso, aunque lo más probable es que se mantengan las mismas políticas de Estado.

¿Tendrá razón el periodista John Carlin cuando dice que los norteamericanos han puesto a un loco al frente de un manicomio?

 ¿Estamos en los umbrales de  una historia de horror norteamericana, como afirman algunos?
EMILIO NOUEL V.

@ENouelV