jueves, 20 de abril de 2017


FALTA MENOS

franciscofajardo19a

Comparar las dos concentraciones que tuvieron lugar el 19 de Abril es una tarea fácil que nos indica cómo está nuestro ambiente político y a quien realmente las  mayorías respaldan.
¿3 millones de personas en la Avenida Bolívar? Permítame carcajearme, señor Maduro. No se puede ser más farsante y embustero. Las  gráficas ciertas y confiables lo reseñaron ampliamente. No habrían más de 20 mil personas, si acaso, en la concentración organizada por el gobierno, a la que por cierto, llevaron nariceados a todos los empleados públicos del país, bajo la amenaza de ser despedidos.  
Pero la imposición les resultó infructuosa, miles se resistieron a hacerlo, y los que vinieron, en su mayoría, maldecían entre dientes a los déspotas que nos gobiernan.
Entre 20 y 50 mil bolívares fueron los viáticos que entregaron a cada persona, y algunos recibieron botellas de bebidas espirituosas. Miles de autobuses fueron contratados, y sin embargo, fue desastroso el resultado como movilización. Ya quedaron atrás los días en que acarreaban a la gente sin necesidad de estímulos en metálico o porque los consideraban sus líderes. La bolsa pública para despilfarrar y regalar se les vació, y ahora no los quieren ver ni en pintura por el hambre que han provocado.
El mundo entero pudo observar cómo el gobierno ni con todo el dinero del mundo puede movilizar a “su gente”. Perdió credibilidad, apoyo y legitimidad ante la población. Sus mentiras ya no son creídas, sus montajes mediáticos nadie se los traga, ni siquiera los que aún sienten alguna simpatía por el gobierno.
En cambio, la movilización de la oposición democrática fue grandiosa, pacífica, nunca vista en  nuestra historia política. La dirigencia política, los partidos y las organizaciones  de la sociedad civil demostraron su capacidad organizativa, su fuerza social y su liderazgo.  Probaron que su legitimidad democrática es real y que tienen audiencia en nuestra población.
Porque unas manifestaciones como las del 19 y 20 de abril responden a una implantación de un liderazgo que con sus defectos y errores tiene amplio respaldo popular. Unas demostraciones como ésas no son producto de la magia, de la improvisación o de la mera espontaneidad. Es también de un trabajo que muchas veces no es reconocido, o porque se desconoce o porque hay algún interés antipolítico detrás que busca restarles importancia, todo en un entorno en el que los medios mayormente controlados por el gobierno o neutralizados por éste, no reflejan las iniciativas de muchos líderes políticos y sociales que a la chita callando laboran junto a las comunidades luchando por sus necesidades más sentidas.
Estamos viviendo momentos muy difíciles, complejos e inciertos.
Tenemos enfrente a un gobierno que en su locura pareciera pretender que el país se hunda con él. No le importa las penurias y el dolor que sufre la población. Solo quieren mantenerse en el poder para seguir haciendo de las suyas, a su antojo.
De allí que arremeta con saña y perversidad contra quienes se oponen a él.
Esta semana presenciamos hasta dónde es capaz de llegar, violando los derechos humanos de los opositores que protestan contra un gobierno dictatorial y desastroso. Esta dispuesto a todo, y ya ha dado muestras de los más grandes horrores. Las amenazas, veladas o abiertas, a las personas que ejerciendo sus derechos constitucionales han salido a las calles a protestar, están a  la orden del día. Se les acusa de traidores a la patria e intimida, y hasta se asoma que podrían acabar con sus vidas.
Los venezolanos estamos siendo gobernados por unos verdaderos desquiciados que han desfalcado las arcas públicas y destruido instituciones que fueron levantadas con mucho esfuerzo por los venezolanos durante varias décadas. Y no solo eso, la moral de nuestra sociedad la han degradado.
Pero las principales víctimas han sido la democracia y la libertad.
No obstante, pareciera que el proceso de recuperación democrática se ha comenzado a acelerar y ello es motivo para sentirse optimista. Aun falta camino por recorrer, el cual se acortará en la medida que todos los demócratas unidos empujemos hacia el mismo objetivo.
Ya falta menos, los últimos y auspiciosos eventos están anunciándolo.  

EMILIO NOUEL V.


jueves, 6 de abril de 2017

DOS RESOLUCIONES INTERNACIONALES CONTRA LA TIRANÌA DE MADURO

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La crisis venezolana pica y se extiende. Los acontecimientos se suceden vertiginosamente. Pasan las horas y días ofreciéndonos sin solución de continuidad nuevos eventos que nos impiden valorar y asimilar suficientemente  los previos.
Vivimos tiempos movidos. Es lo que nos ha tocado a los venezolanos de esta época angustiosa e incierta.
Un gobierno cada vez más aislado y desacreditado en el mundo, se hunde en sus torpezas diplomáticas, negándose a rectificar el rumbo enloquecido que lleva y a negociar una salida al grave atolladero político-económico en que estamos.
Mientras el gobierno y sus bandas paramilitares desatan una represión feroz contra los opositores, desde dos instituciones internacionales hemisféricas nos llegan dos  decisiones sobre nuestro país. Ambas no han podido mantenerse indiferentes a nuestra tragedia, que se agrava con el pasar de los días.
Mercosur, bloque comercial al que accedimos hace pocos años, ha emitido, con base en su ordenamiento jurídico, un acto en el que califica de “ruptura del orden democrático” lo que ha tenido lugar en nuestro país.
Por otro lado, insta al gobierno a “adoptar inmediatamente medidas concretas, concertadas con la oposición, de acuerdo a la Constitución (…) para asegurar la separación de poderes, el respeto al Estado de derecho, a los derechos humanos, y a las instituciones democráticas". También exige a Maduro respetar el cronograma electoral.
La “ruptura del orden democrático” es un concepto contenido en los Protocolos de Ushuaia de Mercosur.
El artículo 1 establece que éste se aplicará en caso de ruptura o amenaza de ruptura del orden democrático, de una violación del orden constitucional o de cualquier situación que ponga en riesgo el legítimo ejercicio del poder y la vigencia de los valores y principios democráticos.
Por su parte el artículo 3 dispone que los Presidentes o, en su defecto, los Ministros de Relaciones Exteriores promoverán, a través de la Presidencia Pro Tempore, consultas inmediatas con las autoridades constitucionales de la Parte afectada, interpondrán sus buenos oficios y realizarán gestiones diplomáticas para promover el restablecimiento de la democracia en el país afectado.
De modo que a partir de esta decisión está siendo aplicada la Cláusula democrática mercosuriana a Venezuela.
Por su parte, la Organización de Estados Americanos (OEA) ha aprobado una resolución en la que se expresa que en nuestro país se ha producido una  grave alteración inconstitucional del orden democrático”, que las decisiones del Tribunal Supremo de suspender los poderes de la Asamblea Nacional son incompatibles con las prácticas democráticas y constituye una violación del orden constitucional de la República, y que es esencial que el gobierno venezolano asegure la plena restauración del orden democrático.
En atención a ello la OEA urge a aquel a garantizar la separación e independencia de los poderes y restaurar la plena autoridad de la Asamblea Nacional, manteniéndose dispuesta a apoyar las medidas de retorno al orden democrático y emprender gestiones diplomáticas para normalizar la institucionalidad de conformidad con la Carta de la OEA y la Carta Democrática Interamericana (CDI). Se ratifica así la aplicación de esta última.
De los textos mencionados, queda claro que para los países más importantes del hemisferio, los  que representan el 95% de su población, en Venezuela la democracia ha sido quebrada o alterada gravemente, lo cual podría traer como consecuencia una sanción, de no entrar en razón el gobierno de nuestro país.
En Venezuela está instaurada una dictadura. No existe separación ni autonomía de los poderes públicos, Miraflores con excepción del parlamento, lo controla todo. Se persigue y encarcela a la oposición, sin formula de juicio. La farsa para tratar de demostrar lo contrario ante el mundo está descubierta, nadie se come ese cuento chino. Los magistrados del Tribunal supremo son fichas del gobierno, su prolongación obsecuente.
Por fortuna, la institucionalidad internacional y su normativa están actuando, La causa de la libertad en Venezuela se está imponiendo.   

jueves, 30 de marzo de 2017

PODERES DICTATORIALES

Esta semana ha sido intensa en los espacios institucionales hemisféricos, y en particular, para Venezuela.

Nuestro país ha estado en el ojo del huracán. Su enorme crisis sigue dando de qué hablar. 
Una mayoría determinante en la OEA, la de los gobiernos que representan alrededor del 95% de la población del continente, decidió tomar al toro por los cachos, al asumir una posición clara sobre la situación que estamos viviendo, con vistas a adoptar medidas que presionen al gobierno venezolano para que permita elecciones democráticas, libere los presos políticos y respete la representación popular del parlamento y sus atribuciones constitucionales.
Sin embargo, en el plano nacional acaba de ocurrir un acontecimiento de suma  gravedad que viene a justificar con mayor fuerza la especial atención de  los países que integran aquel organismo internacional.

El Tribunal Supremo, apéndice sumiso del poder ejecutivo, como todos sabemos, emitió una decisión en el marco de un procedimiento, mediante la cual “ordena” al gobierno un conjunto de acciones o medidas, todas constitutivas de una suerte de carta blanca para hacer lo que le venga en gana, en todas las materias de la competencia del poder nacional, particularmente, en el campo legal nacional e internacional.

En concreto, se ordena al Ejecutivo nacional a que “proceda a ejercer las medidas internacionales que estime pertinentes y necesarias para salvaguardar el orden constitucional, así como  también que, en ejercicio de sus atribuciones constitucionales y para garantizar la gobernabilidad del país, tome las medidas civiles, económicas, militares, penales, administrativas, políticas, jurídicas y sociales que estime pertinentes y necesarias para evitar un estado de conmoción; y en el marco del Estado de Excepción y ante el desacato y omisión legislativa continuada por parte de la Asamblea Nacional, revisar excepcionalmente la legislación sustantiva y adjetiva (incluyendo la Ley Orgánica contra la Delincuencia Organizada y Financiamiento al Terrorismo, la Ley Contra la Corrupción, el Código Penal, el Código Orgánico Procesal Penal y el Código de Justicia Militar (…) todo ello de conformidad con la letra y el espíritu de los artículos 15, 18 y 21 de la Ley Orgánica Sobre Estados de Excepción vigente”

Dicho en pocas palabras, al estilo nazi de comienzos de los años treinta del siglo XX, el TSJ otorga al presidente, a contravía del derecho, unas potestades  cara a un supuesto de estado de conmoción que solo existe en la mente retorcida del gobierno. Debo recordar que a Adolfo Hitler, en 1933, le otorgaron, a través de una ley habilitante, poderes similares, y ya sabemos a qué condujo tal proceder.

Si no había pruebas suficientes de que en Venezuela vivimos bajo una dictadura con apariencia de democracia, desde hace algunos años, ésta “bendición” o fundamentación “jurídica” del TSJ, lo confirma sin ninguna duda.

No es, por supuesto, la primera sentencia emitida por esa instancia jurisdiccional en la que se salta sin ningún pudor el ordenamiento constitucional vigente.

Ha sido una conducta reiterada y sistemática.  

En esta ocasión dan otra vuelta de tuerca, y de manera desembozada y sin miramientos formales, el  TSJ cooptado muestra su esencia real, su entrega al poder autoritario, evidenciando que no goza de autonomía e independencia algunas.

Con esa medida el gobierno pretende hacer creer al país y al mundo que está sometido a los dictados del derecho. Que solo obedece a los tribunales de la República.

Jugada ésta inútil, porque ya es vox populi, dentro y fuera del país, que la realidad es otra. Que en Venezuela la separación de los poderes públicos fue borrada en los hechos, y ahora, con la sentencia comentada, de manera formal.

La democracia venezolana viene siendo desnaturalizada, vaciada de sus contenidos sustanciales, desde hace más de una década.

Un fascismo de nuevo cuño militar-cívico ha ido avanzando progresivamente a través de instituciones nacionales levantadas durante varias décadas, demoliéndolas, con el propósito de instaurar un nuevo orden que no han podido consolidar, pero generando un enorme perjuicio a la sociedad a ojos vista. Un caos del que será difícil y costoso salir.

Con la decisión del TSJ comentada, a la OEA se le ha puesto en bandeja de plata la oportunidad de tomar la medida que corresponde, de conformidad con su ordenamiento jurídico vinculante para todos sus miembros.

Ahora, la condición de dictadura del chavismo no puede ser más evidente. Los poderes dictatoriales están claramente establecidos en aquel documento oficial. El que tenga ojos que vea. 

EMILIO NOUEL V.  

miércoles, 22 de marzo de 2017

ALMAGRO, UN DEMÓCRATA HACIENDO LO QUE TOCA HACER

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Una real comprensión de la tragedia política que ha vivido en sus últimos años Venezuela ha costado mucho a quienes desde más allá de nuestras fronteras la observan.
La Comunidad internacional ha tardado en reconocer en toda su dimensión la crisis, dejando a su suerte a los demócratas venezolanos, con sus aciertos y errores.
La OEA, institución multilateral necesaria que debe velar por el derecho a la democracia de los pueblos de nuestro continente, hasta hace poco no había asumido plenamente el caso Venezuela. Los países que la integran, en general, habían  volteado hacia otro lado, por distintas razones e intereses. Una percepción equivocada de la naturaleza del gobierno chavista y de la crisis, por un lado, y por otro, las coaliciones político-ideológicas que se configuraron en la región, hoy redefinidas como consecuencia de los cambios políticos que han tenido lugar en países muy importantes, perjudicaron la lucha por impedir que se consolidara el autoritarismo y se  recuperara la democracia en nuestro país. 
La llegada del uruguayo Luis Almagro a la Secretaría General de la OEA ha significado un punto de inflexión sustancial. La inercia anterior dejó mucho que desear.  El descuido y la inacción de Secretario General que precedió a Almagro, en no poco contribuyeron a que cogiera vuelo el chavismo en la región.
Con el uruguayo, ese cargo experimentó una transformación esencial, principalmente, moral. De forma adecuada ha usado sus atribuciones legales para hacer efectivos el derecho a la democracia y la vigencia de los DDHH en el drama venezolano.
El compromiso sincero y consecuente de Almagro con las libertades, su generosidad y valentía y, sobre todo, su estatura ética, han quedado patentizados en 2 Informes sobre la grave situación política y social de Venezuela. Con rigurosidad, objetividad y un alto sentido de la responsabilidad que le ha tocado, el Secretario General del ente hemisférico ha descrito el cuadro cierto de un país casi destruido, que de no ejercerse presión sobre él desde fuera, va a crear problemas serios a la región. 
Hay todavía margen para medidas e iniciativas que eviten sanciones extremas en el marco de la Carta Democrática Interamericana, entre las cuales no está, como dice mentirosamente el gobierno para asustar a la gente desinformada, la invasión militar. En manos de los gobiernos del continente está la oportunidad de evitar males mayores no solo para el sufrido pueblo venezolano, también para el resto de los países vecinos que podrían verse afectados con una desestabilización política y consecuente caos social en Venezuela.
Almagro ha percibido y medido de manera correcta tal riesgo. En sus certeras palabras están las claves de una salida democrática y pacífica para nuestro país, que en definitiva, es la que los venezolanos anhelamos. 
Ya no queda otro camino. Se necesita que los países de la región demuestren unidad y que las 33 naciones adopten una postura en favor de la defensa de la democracia agredida.”, ha dicho Almagro.

Ojalá los gobiernos de la OEA lo acompañen en la adopción de las decisiones urgentes que deben tomarse frente  a la tiranía chavista.

Emilio Nouel V.
@ENouelV


jueves, 16 de marzo de 2017

¿ES UNA DICTADURA O QUÉ?



El escritor español Javier Marías, hace unos días publicó un artículo en el que refería las preguntas que le hicieron unos periodistas norteamericanos sobre cómo reconocer al fascismo, dando por descontado que él tendría cierta experiencia en el asunto por haber vivido parte de su vida bajo el régimen de Franco.  

Obviamente, los que lo interpelaban estaban preocupados por el futuro de EEUU con Trump, cuyas posturas públicas se asemejan mucho a las de gobernantes fascistas. 

Aunque Marías díjo que compartía su inquietud, veía difícil que se instaurara un sistema de esa naturaleza en Norteamérica, sí señaló que en estos casos “Uno no puede llamar a alguien fascista hasta que haya demostrado serlo.  ¿cuándo se demuestra eso? ¿A partir de qué acción, o basta con las declaraciones, los síntomas? ¿Ha de iniciar una guerra o una persecución injustas, una matanza?”.

Me da pie lo dicho para traer a colación un debate que ha estado presente en nuestro país desde que arribó al poder el chavismo.

¿Es el actual régimen político venezolano una dictadura? ¿Fue dictatorial la conducta del gobierno chavista desde el principio? ¿A partir de qué momento dejó de ser democrático?  El variopinto movimiento chavista ¿es de naturaleza democrática o autoritaria?  ¿Es neofascista, comunista, militarista y/o populista?

No poca tinta se ha vertido sobre el tema. En el seno del chavismo no ha habido discusión al respecto. Es en la oposición donde más se ha hablado acerca del asunto.

Ciertamente, a mi juicio, la naturaleza, si se quiere, la esencia, del chavismo siempre ha sido la de un movimiento autoritario. Desde sus primeras manifestaciones públicas, ya se podía atisbar ese rasgo definitorio, aunque hubiese en su seno expresiones de sectores de izquierda democrática, incluso socialdemócratas.  

Otra cosa, por supuesto ligada a lo anterior, es la conducta gubernamental. Inicialmente, el chavismo se comportó los primeros años dentro de un marco hasta cierto punto, “democrático”, sin abandonar su retórica radical, ultranacionalista y con vocación totalitaria. En los hechos, nada ocurrió que pudiéramos afirmar que estábamos bajo una dictadura.


No obstante, los acontecimientos posteriores que todos conocemos y las acciones que adelantó el gobierno contra la oposición, fue paulatinamente cambiando el cuadro político.

La entrega a los cubanos fue un factor muy importante. Declararse oficialmente socialista fue otra vuelta de tuerca. La crispación política creciente, la acentuación de la polarización, el inicio de la demolición de las instituciones establecidas, los cambios de leyes y el acoso al sector económico privado nacional e internacional, fueron configurando otro entorno político y económico, que a pesar de que aun mantenía algunas formas democráticas, el hocico del autoritarismo se empezó a mostrar de manera más abierta.

¿Que tenemos hoy los venezolanos como establecimiento político?

La Constitución es letra muerta que el gobierno, a través del TSJ, interpreta de acuerdo con los intereses político-ideológicos de la oligarquía militar-cívica en el poder. En su abyección perruna, los tribunales están al servicio del Ejecutivo, nadie gana un juicio al Estado. ¿Cómo se puede llamar esto?

Qué decir de los presos políticos, a los que se le han violado sus derechos de manera grosera. Hay persecución política de la oposición, no hay debido proceso, no hay garantías. Los órganos de seguridad no acatan las pocas decisiones que algunos tribunales -la excepción de la regla- han decretado de excarcelación. Detenciones ilegales, torturas y vejaciones. Sus derechos humanos han sido pisoteados de la manera más vil. ¿Cómo se puede llamar esto?

El desconocimiento de la representación popular de la Asamblea Nacional y de sus atribuciones constitucionales, el atropello a diputados por parte de policías y guardias nacionales, y la suspensión de la entrega de fondos para su funcionamiento ¿Cómo podemos llamar esto?

El desconocimiento de sentencias de organismos internacionales de los Derechos humanos, a los que pertenece Venezuela, el desprecio por la normativa internacional  ¿cómo se puede llamar esto?

La militarización de la Administración Pública central y descentralizada, y esto es fácilmente comprobable en leyes y actos de gobierno que confieren, incluso en propiedad, a este sector, áreas productivas sin control de sus actividades por parte del poder civil.    

La suspensión sine die de las elecciones establecidas en la Constitución, el desconocimiento en la práctica del derecho a revocar a funcionarios públicos.

A pesar de la existencia de muy pocos medios libres e independientes, la hegemonía abrumadora gubernamental en este ámbito, con la censura y la autocensura, la utilización de los medios del Estado para adoctrinar, distorsionar la informacióny lavar el cerebro de los venezolanos. ¿Cómo debemos llamar eso?

El PSUV, por su parte, es un partido de pensamiento totalitario. Su ideología está recogida en sus documentos. Y allí está muy claro el tipo de sociedad que propugnan. Economía estatizada y colectivizada. Educación ideologizada. El individuo diluido en lo colectivo. Partido único. El modelo cubano, al calco.

Ante estos hechos, no aislados, sino recurrentes, sistemáticos ¿Se puede decir que estamos en una democracia?

No me cabe la menor duda de que los venezolanos estamos viviendo bajo una dictadura política, no en los términos tradicionales que conocimos, pero una dictadura al fin, de estos tiempos. Por supuesto, que esta dictadura o neodictadura, se conduce con métodos similares al fascismo y echa mano de la práctica populista.

Javier Marías dice en el artículo mencionado al comienzo de estas líneas que para calificar a alguien de fascista no conviene adelantarse, pero tampoco percatarse un poco tarde.  

En nuestro caso, quizás 10 años atrás podía decirse que no estábamos en dictadura. Hoy hay suficientes y palpables demostraciones, no digamos sólo de un pensamiento fascista-totalitario y militarista del partido de gobierno, sino también de acciones concretas, propias de un régimen político, que en los hechos es arbitrario, inconstitucional, tiránico y, en fin, dictatorial.  

No extrañe entonces que desde la OEA y otros organismos internacionales se pida sanciones contra el gobierno de Venezuela, por ser considerado una dictadura. 

EMILIO NOUEL V.

emilio.nouel@gmail.com

@ENouelV

jueves, 9 de marzo de 2017


LA ALBA, UN CADAVER INSEPULTO


Está más que claro para cualquier observador medianamente enterado de las relaciones económicas en nuestro hemisferio, que la ALBA no es una organización de integración en nuestra región. Que ha sido más bien un parapeto financiado por el petróleo venezolano, cuya incidencia, desde el punto de vista de la unificación económica de sus miembros, es nulo.

En su momento, fue la concreción de las ideas que desde el Foro de Sao Paulo se venían formulando sobre esa materia.

Como es bien sabido, a la caída del Muro de Berlín, la izquierda marxista o neomarxista del mundo entero, quedó huérfana, políticamente hablando. Su modelo de sociedad, la socialista-comunista, que era la Unión Soviética y su periferia, se derrumbó, podrida como estaba hasta sus cimientos más hondos, por un sistema económico ineficiente, un entramado político conculcador de las libertades, corrupto, y una estructura social injusta y decadente.

Esta debacle dejó a la izquierda aturdida y desorientada, sus más preciadas creencias y seguridades ideológicas se habían descalabrado, y aunque algunos despertaron del delirio utópico, otros, aferrados al dogma fracasado, comenzaron a buscar la manera de sobrevivir. Para éstos, era necesario un remozamiento, adoptar nuevas formas, pero manteniéndose fiel al legado doctrinal. La operación comportaba llenar el odre viejo con un  aparente vino nuevo. Y así lo hicieron, luego que pudieron recuperarse del uppercut fulminante recibido.

El Foro de Sao Paulo fue una de las salidas que esa izquierda borbónica agenció para seguir vigente.

La ALBA, como idea, es hija de esa organización. Pudo llevarse adelante gracias a la aparición en escena de Hugo Chávez y del petróleo de los venezolanos. Así, se produjo una sinergia entre el Foro, impulsado y financiado por Lula Da Silva en Brasil y desde Cuba, por Fidel Castro.

Luego, bien “aceitados” por el dinero de los venezolanos, se fueron incorporando a la “organización”, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y otros.

Esta semana pasada ALBA se reunió en Caracas. Sólo 3 presidentes asistieron, a pesar de que se pretendía hacer un acto apoteósico por cumplirse años de la muerte de Chávez. Los discursos, los mismos anacrónicos y cansinos de siempre. Como si la realidad no hubiera cambiado. Los desvaríos y paranoias de una ideología  desfasada se reiteran. Los múltiples y evidentes fracasos de tales ideas no se han reconocido y asimilado, viven sus líderes en un mundo aparte. La alienación es patética.

La hipocresía que trasluce la declaración oficial del encuentro es notoria. Las fuerzas políticas más corrompidas que han gobernado nuestra región en los últimos tiempos vienen ahora a rasgarse las vestiduras ante las prácticas de latrocinio y defraudación de los patrimonios públicos. Como si no supiéramos que PDVSA y Odebrecht, entre otras empresas, han servido de instrumentos para el enriquecimiento personal y el despilfarro de los gobernantes de países de la ALBA.    

Los albanos, sabiendo que ya nadie les cree y que todo el mundo está enterado de lo destructivo que han sido para sus países, y que la integración enarbolada no es tal, recurren al expediente de siempre, el de la conspiración del enemigo imperialista y neoliberal en su contra, con el solo propósito de encubrir sus propios fracasos. 

Por otro lado, piden la reagrupación de sus fuerzas para enfrentar al enemigo imperial y sus maniobras, cerrando filas, en particular y de manera insólita, al lado de funcionarios gubernamentales señalados por delitos de lavado de dinero y narcotráfico.

Queda claro que un ALBA en acelerada descomposición, sin un gobierno que la financie, carente de los apoyos que venían antes de Argentina y Brasil, con la posibilidad de que en Ecuador cambien las cosas, no le quedará otra que volver a la calle a incordiar, a crear problemas y a maniobrar contra los gobiernos democráticos, tal y como ya sucede en Argentina.

La ALBA va transitando inexorablemente hacia su entierro seguro, no tengo la menor duda. Ahora, el Foro de  Sao Paulo no tendrá quien le dé recursos para su aero-transporte, pero sí comenzará a generar tensiones de manera artificial en aquellos países en que se ha implantado. Su ideología nefasta aún sigue perdurando en grupos extremistas que hacen vida en nuestros sociedades, y con las cuales habrá lidiar. 

EMILIO NOUEL V.








jueves, 23 de febrero de 2017


DONALD ¿NUESTRO “SON OF A BITCH”?



“He may be a son of a bitch, but he's our son of a bitch."



La frase del epígrafe se ha atribuido a varios funcionarios norteamericanos, aunque algunos afirman que el autor es el presidente F. D. Roosevelt y en su momento se refería al dictador nicaragüense Anastasio Somoza.

No hubo quien no criticara esa posición amoral de parte del gobierno yanqui respecto de autócratas detestables latinoamericanos.

En todo caso, es una expresión que cualquiera pudo haber proferido desde una posición política determinada. Es una opinión desde el realismo político, y es también el corolario de aquella otra conseja: ‘el enemigo de mi enemigo es mi amigo’, por tanto, al que la utiliza le tendría sin cuidado que ese “amigo” tenga principios morales o no, o se conduzca antidemocráticamente. Lo que interesa es que golpee a nuestro adversario; después de todo, el fin justificará los medios, y no importa con quien se haga migas o alianzas.

¿Por qué viene a cuento la evocación?

Precisamente, porque frente a Trump hay venezolanos que asumen la misma posición amoral que se ha cuestionado a los norteamericanos. Parecieran decir: Trump es un hijo de p…., pero es nuestro hijo de p….. 

Del nuevo inquilino de la Casa Blanca, no se ha dejado de hablar desde hace meses en el mundo, y por mucha gente, no muy bien. Evidencias claras de autoritarismo, xenofobia, misoginia y nepotismo, las hay, sin dejar de mencionar agresiones verbales y amenazas a los medios. Hoy, son todos ellos términos asociados al inefable personaje.

He tenido la oportunidad de intercambiar ideas acerca de lo que se puede espera en el mundo de la presidencia del magnate, y en particular, del futuro de las relaciones entre Venezuela y su gobierno.

Si a su estilo, opiniones y actuaciones iniciales nos atenemos, es muy difícil no inquietarse. No son pocos los motivos de preocupación que producen incertidumbre y recelo, tanto en el ámbito interno norteamericano como en el internacional. De modo que como presidente del país aún más importante del planeta, de su ejecutoria no podemos sustraernos por más que lo queramos los demás mortales. Ciertamente, EEUU no tiene el mismo poder de otras épocas, pero sigue siendo determinante.

Por otro lado, la interdependencia global en todos los sentidos no nos permiten apartarnos de los efectos de los fenómenos políticos o económicos que ocurran en cualquier rincón del mundo. Países pequeños, medianos y grandes, tienen la capacidad de generar reacciones en cadena insospechadas. Con mucha más razón EEUU.

Si nos centramos en la crisis venezolana y las reacciones recientes de Trump respecto de nuestros perseguidos y presos políticos, pareciera que las relaciones de éste con la tiranía chavista no pintan bien, aunque habrá que esperar el desarrollo venidero.

La relación bilateral futura habrá que inscribirla en un entorno mayor que la trasciende. Y allí salta Putin, con quien Trump se lleva bien o comparte algunas visiones.

Aun seguimos creyendo que cualquier desaguisado de Trump puede ser contrarrestado por la institucionalidad y los poderes de facto estadounidenses, incluidos sus compañeros del Partido Republicano. Son las que llaman “las fuerzas sistémicas”, que podrían ponerle freno.

Pero no estamos exentos de que pueda suceder algún estropicio.

Sandra Navidi, CEO de una importante firma consultora en posicionamiento macroeconómico y estratégico, decía hace pocos días (De cómo la Trumpocracia corrompe la democracia”, artículo en Project Syndicate) que muchos indicadores parecen apuntar a un potencial take over hostil sobre la democracia liberal, por parte de Trump y su equipo.

Para ella, la forma más efectiva de destruir un sistema es creando, primero, un caos. Trump habría aplicado en un mes varias shocks tácticos en ese sentido: paralizó y distrajo a los electores, mientras antagoniza con aliados, provoca a los enemigos, y crea alianzas nuevas con socios dudosos, yendo hasta crear una suerte de universo paralelo.

Navidi recuerda que el jefe de estrategia de Trump, Steve Bannon, citó hace un tiempo a Julius Evola, fascista italiano, quien argumentaba que cambiar el sistema no es cuestión de impugnar o polemizar, sino de hacer explotar todo.

Para esta asesora lo que pudiera venir ahora, de no pararle los pies, es un desmantelamiento de los fundamentos institucionales de la democracia por parte de Trump.

Pudiera sonar exagerado lo de Navidi, y ojalá sus temores sean infundados. Sin embargo, no queda otra que andar prevenidos.

En un personaje que no tiene empacho en decir que está de acuerdo con la tortura de detenidos, que amenaza a empresas con subir los aranceles de importación si no dejan de invertir en otros países o que afirma que los medios son enemigos del pueblo porque lo critican, resulta cuesta arriba confiar.

Dejar de decir estas cosas porque supuestamente Trump es enemigo de mi adversario o porque el perjuicio que podría causar a otros países no me incumbiría, es asumir claramente una conducta amoral, sin visión estratégica.  

Que no se quejen después los que solo ven desde el “realismo” político sus propios intereses, aquellos que hoy repiten el denostado “He’s our son of a bitch”, cuando en el futuro nos llegue la factura de la insolidaridad o de la incongruencia.

EMILIO NOUEL V.