viernes, 8 de septiembre de 2017

         SOBRE LA CONVENCION DE PALERMO

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Hace ya más de una década elaboramos un pequeño ensayo sobre la normativa internacional sobre corrupción y el delito transnacional incluido en el libro Nuevos Temas de Derecho Internacional (Editorial El Nacional, 2005).
El objeto era introducir al lector en esa temática desde la perspectiva del derecho supraestatal, así como subrayar lo novedoso del tema en el ámbito  de esta normativa jurídica.
En el capítulo titulado Corrupción global y regulaciones internacionales, hice referencia, obviamente, a la Convención de las NNUU contra la delincuencia organizada transnacional y sus protocolos (Resolución 55/25 de la Asamblea General de 15 de noviembre de 2000), conocida también como Convención de Palermo, la cual ha sido traída a colación en días recientes por algunos articulistas nacionales y extranjeros que piden la aplicación de ella a jerarcas del régimen tiránico que asola Venezuela, sin hacer mayores análisis sobre su viabilidad real.
Sin duda, el crimen organizado y la corrupción gubernamental son dos fenómenos que podrían ir aparejados y hoy constituyen asuntos muy preocupantes que encara el mundo. En el tema de la corrupción, la prestigiosa organización Transparencia Internacional señala que ella socava el buen gobierno, distorsiona la política pública, lleva al despilfarro de recursos, daña el desarrollo del sector privado y perjudica, sobre todo, a los que menos tienen.
En ciertas ocasiones he aludido a una suerte de organización internacional de la corrupción que he llamado Corruptos sin fronteras, por la dimensión transnacional que ha alcanzado. Este fenómeno lo hemos visto patentizado en la comandita delictiva que se fraguó entre los gobiernos kirchneristas de Argentina, Pepetistas de Brasil y chavistas de Venezuela, entre otros. Las firmas Odebrecht y PDVSA, por ejemplo, han sido instrumentos para perpetrar tales crímenes contra la hacienda pública de esos países.
Sobre el alcance del concepto de corrupción, debe decirse, no hay unanimidad. Los  ordenamientos jurídicos y las distintas culturas no enfocan el asunto de la misma forma. Lo que puede ser condenable en un país puede que no lo sea en otro. Albert Calsimiglia dice que el concepto está teñido de ideología y de distintas valoraciones, siendo la ambigüedad, la vaguedad y lo emotivo obstáculos para la delimitación del concepto.
En cualquier caso, la corrupción administrativa, pública y privada, ligada a otras formas delictuales, entra en el ámbito del derecho penal, de allí que una normativa que sancione al crimen transnacional pueda ser aplicable en estos casos, aunque siguen habiendo escollos que los ordenamientos jurídicos nacionales ponen a estos dispositivos internacionales. 
En los espacios interestatales, en virtud de la envergadura del problema del crimen transfronterizo, ha surgido la necesidad de regular la cooperación con vistas a una mayor efectividad en la represión y condena de los involucrados. La Convención de Palermo (2000) tiene ese propósito.
Ahora bien, debe tenerse bien claro la viabilidad de la aplicación de estas disposiciones a un eventual sujeto criminal. A la luz de la naturaleza jurídica de ellas, no resulta muy expedita su activación, como algunos lo han querido hacer ver. Es más o menos lo mismo que sucede con la normativa de la Corte Penal Internacional, cuya “eficacia” ya conocemos.
La Convención de Palermo tiene como objeto “promover y reforzar las medidas para prevenir y combatir la corrupción de manera más eficiente y efectiva: promover, facilitar y apoyar la cooperación internacional y la asistencia técnica en la prevención y lucha contra la corrupciónpromover la integridad, responsabilidad y el adecuado manejo de los negocios públicos …”
Por otro lado, establece que los Estados adelantaran sus obligaciones en forma consistente con los principios de igualdad soberana, integridad territorial de los Estados y de no intervención en los asuntos internos de los Estados. Y agrega que nada autorizara a los Estados a asumir en el territorio de otro Estado “el ejercicio de jurisdicción o ejecutar funciones  que son reservadas exclusivamente  a ese Estado por sus leyes nacionales”. 
La Convención en cuestión establece obligaciones para los Estados partes de tomar medidas dentro de sus fronteras en materia de crimen transnacional, pero no están facultados para adoptar decisiones sobre crímenes perpetrados en varios territorios o en territorios de otros Estados.
Kofi Annan, siendo secretario general de las NNUU, señaló en su momento que “La Convención nos facilita un nuevo instrumento para hacer frente al flagelo de la delincuencia como problema mundial. Fortaleciendo la cooperación internacional, podremos socavar verdaderamente la capacidad de los delincuentes internacionales para actuar con eficacia y ayudaremos a los ciudadanos en su a menudo ardua lucha por salvaguardar la seguridad y la dignidad de sus hogares y comunidades”.
Pese a que este instrumento es de crucial importancia y constituye un avance significativo y novedoso en la lucha global contra el delito transnacional, debe verse con cuidado su aplicación en los casos concretos que se presenten. No está exento del cumplimiento de requisitos normativos sustantivos y formales, nacionales e internacionales, y de interpretaciones desde tradiciones jurídicas diversas, de allí que no sea tan expeditivo como algunos lo plantean. Las visiones jurídicas soberanistas, desafortunadamente, aún mantienen vigencia y fuerza en esta y otras materias. Y no son obstáculos menores a vencer.
 

EMILIO NOUEL V.
 

lunes, 4 de septiembre de 2017

                             TRUMP, NAFTA Y LIBRE COMERCIO

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Como se sabe, el  señor Trump tenía entre sus planes de gobierno sacar a su país del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA o TLCAN) y del Acuerdo Transpacífico (TPP), dos instrumentos internacionales para expandir y profundizar la interdependencia económica global.
Algunos han señalado que Trump debe al tema del comercio, más que a cualquier otro asunto, su triunfo electoral. El discurso proteccionista –“America first”- contrario al libre comercio y antiglobalizador, caló en gran parte de los votantes, lo que le permitió alcanzar la primera magistratura. 
A partir de una visión equivocada y anacrónica, desconocedora de la importancia histórica del intercambio exterior para su país, el presidente norteamericano pretende volcar la economía hacia adentro, toda vez que atribuye a las relaciones económicas internacionales, al libre comercio, en definitiva, los problemas que sufre EEUU en ciertos sectores otrora pujantes, como es el caso del automotriz.

El primero de los tratados mencionados cumplió 23 años de existencia y el segundo apenas había sido firmado y esperaba por su ratificación en el Congreso, cuando arribó Trump a la Casa Blanca.
En relación con el NAFTA ¿Cuál es el balance en general para EEUU a la fecha?

Si bien el comercio de EEUU con Latinoamérica y el Caribe ha declinado en los últimos tiempos, con sus socios de Norteamérica ha sido todo lo contrario. Sólo en 2016, alrededor de un billón de dólares en el intercambio de bienes y servicios con Canadá y México, y un incremento de inversiones mutuas como nunca antes. En 2015, las inversiones extranjeras directas canadienses en EEUU alcanzaron la suma de 269 mil millones de dólares y las mexicanas 16 mil millones. Las estadounidenses en ambos países montaron 353 mil y 92 mil millones de dólares respectivamente, el mismo año. 
Obviamente, en casi todos los aspectos, cuando se examinan  las frias cifras, el más favorecido en el proceso ha sido México, a pesar de los pronósticos de aves agoreras que al inicio de la integración decían que este país iba a salir trasquilado. (Ver Bureau of Economic Analysis database). Entre 1993 y 2016, las exportaciones mexicanas pasaron de 53 mil millones a aproximadamente 400 mil millones de dólares. Otro gran logro ha sido el desarrollo de las cadenas de valor que se han establecido, en especial, la del sector automotriz, recordándonos que hoy la integración no se trata solo de intercambiar mercancías sino también de producirlas conjuntamente.
No obstante, desde que es presidente, en varios temas, Trump se ha echado para atrás o lo han hecho retroceder. En lo de la salida del TLCAN ha ocurrido otro tanto, y su administración emprendió acciones para renegociar el Tratado, descartándose, aparentemente, la intención inicial.
Al respecto puede decirse que no están claros los objetivos del gobierno norteamericano en esta negociación, sobre todo por el ruido que hacen los tuits irreflexivos y las declaraciones contrastantes de algunos funcionarios gubernamentales. Se dicen cosas para la galería pero en privado se afirman otras. No se sabe si esta conducta contradictoria forma parte de posiciones realmente distintas o si es una estrategia para la negociación. Esto tiene a los negociadores de los otros dos países en una postura cautelosa y expectante aunque firme, de cara a ciertos puntos que juzgan inmodificables o de difícil reversión. Las reglas de origen y el mecanismo de solución de controversias son temas en discusión. que aun quedan por dilucidar en negociaciones que no han concluido.
Importantes sectores económicos de EEUU saben que salirse del acuerdo es un error. Seria despreciar exportaciones anuales de cientos de miles de millones de dólares. Es una descomunal irresponsabilidad poner en riesgo esa cifra de negocios para las empresas estadounidenses.
Para Canadá y México, país recientemente invitado a la reunión de BRICS, es un problema esta incertidumbre, de allí que ya estén considerando otras alternativas en el caso de que lo peor suceda, es decir, que el tratado preferencial quede sin efecto, y entren, en consecuencia, a operar las normas de la OMC. 
Desde su fundación, EEUU siempre fue un país abierto al mundo en materia económica y una de las claves de su desarrollo extraordinario está en la política de libre comercio.
Resulta, por tanto, injustificable, en una época en que la interdependencia global cada día se profundiza más, con sus mejores efectos, que el país que ha contribuido fundamentalmente con ella, se retraiga sobre sus fronteras,  afectando no solo al mundo sino a sí mismo.  Los chinos, obviamente, ven con buenos ojos esta deriva que les permitirá afianzarse en nuestro hemisferio, tal y como lo han venido haciendo progresivamente en la última década. 
Ojala el alejamiento comercial que algunos señalan estaría teniendo EEUU respecto no solo de sus socios del NAFTA, sino también del hemisferio americano en general, sea revertido. El libre comercio y la integración son fundamentales para el crecimiento y el desarrollo de todo el continente.
Desde Latinoamérica aspiramos a un acercamiento cooperativo mayor y a una integración hemisférica consolidada, que nos permitan una presencia global vigorosa. Y en ese propósito la política que adelante EEUU es capital.
 

EMILIO NOUEL V.


@ENouelV

jueves, 31 de agosto de 2017


SANCIONES, EXTRATERRITORIALIDAD Y EL PERFECTO IDIOTA LATINOAMERICANO


Sobre las sanciones financieras trumpianas a la tiranía de Venezuela, no al pueblo venezolano, mucho se ha hablado estos días que corren.

Erróneamente, las califican de extraterritoriales los socios del gobierno que conforman esa junta de beneficencia que llaman ALBA, y uno que algo del tema conoce, no ve tal carácter por ningún lado.

Resalta sobre todo la reacción del gobierno, plagada de embustes y distorsiones, y con el único propósito de atribuir a las muy recientes medidas, la crisis económica y humanitaria que vivimos, cuando es obvio que su causante casi exclusivo, después de 18 años, es él.

Algunos afirman que a pesar de estar dirigidas al gobierno por sus conducta antidemocrática, de todos modos afectaran al país como un todo, es decir, a su gente en general, y en cierta medida tienen razón. Es imposible separar las repercusiones que tendrán  en un país que depende de los ingresos externos de su industria petrolera, en alrededor de un 96%. Lo que le suceda a PDVSA, tarde o temprano nos impacta a todos los venezolanos. Ojala salgamos de esta calamidad antes de que los efectos negativos puedan prolongarse mucho.   
Con las medidas se busca cerrar un cerco financiero, que, por lo demás, ya el gobierno lo había provocado con su ejecutoria económica desastrosa. No ha sido culpa de terceros que hayamos perdido toda credibilidad y confianza en los campos político, económico y diplomático del mundo. A un gobierno incompetente y además inspirado en una ideología destructora, nadie le presta dinero y si lo hace exige garantías suficientes y cobra gravosos intereses. La causa de la debacle no es Trump, ni antes Obama, tal mentira es insostenible.

Es una evidencia que son muy pocas las fuentes de financiamiento que restan a la dictadura. No poder negociar instrumentos financieros en los mercados, particularmente, en el de EEUU, es un golpe noble, al que pareciera se le agregará otro desde Europa. Voceros gubernamentales están acusando el leñazo y andan en su desesperación disimulada inventando fábulas para el consumo de una galería desinformada, pero en el fondo saben que tienen los días contados. 
A lo sumo, Rusia y quizás China, seguirán sosteniendo a la tiranía y sabemos por cuales razones geopolíticas y crematísticas. ¿Hasta cuándo? Quién sabe.

Sobre la extraterritorialidad de las medidas adoptadas por el gobierno estadounidense, denunciada por los propagandistas del régimen venezolano, vale la pena decir aquí algo en especial, para recordarles su significado a los que utilizan el término de manera incorrecta y torcida.

Una normativa o ley tendría tal naturaleza cuando una vez sancionada por los organismos competentes de un país, ella tuviera vigencia o se pudiera aplicar en el territorio de otro, lo cual es algo impensable en el mundo de hoy.

Es como si en Colombia se aprobara un Código Penal que pudiera aplicarse en Venezuela, lo cual sería un exabrupto que iría contra el principio de soberanía en esta materia.

En el caso de las medidas que nos ocupan, el ámbito de aplicación es el territorio de EEUU, no es Venezuela ni ningún otro país. Son disposiciones legales emanadas de los órganos competentes estadounidense en uso de sus potestades soberanas. Nadie en su sano juicio podría ampararse o echar mano de tales normas en el territorio venezolano. Simplemente porque no podrían tener efecto extraterritorial, tal y como de forma equivocada lo han señalado la inefable que preside la espuria asamblea constituyente de Venezuela y sus secuaces clientes en el mundo, particularmente, los gorrones y sablistas de ALBA.

De modo pues, que señalarlas como medidas de efectos extraterritoriales es una falsedad, desde el punto de vista jurídico. Tal aseveración solo se explica por el interés retorcido de acusar a un gobierno extranjero de los grandes males que padecemos, recurso típico en la retórica indigesta de la izquierda, la misma del famoso ¨perfecto idiota latinoamericano¨ que ve la viga en el ojo ajeno -¡el Imperialismo!- y no en el propio.

Las sanciones, siempre indeseables y de consecuencias inciertas, buscan presionar a la tiranía para que se avenga a una salida negociada y pacífica de nuestra crisis. Sobre el gobierno chavista pesa toda la responsabilidad de que así sea. No quisiéramos que la otra alternativa, la más traumática, se imponga. 


Emilio Nouel V.

emilio.nouel@gmail.com

 

sábado, 12 de agosto de 2017

EL DEBER DEL MUNDO CON VENEZUELA

   
            EMILIO NOUEL V.
        Miembro del Grupo Avila
 
El no ya tan “nouveau philosophe” Bernard-Henri Levy, publicó en los días que corren un artículo sobre Venezuela en el que hace un llamado a la comunidad internacional para que asuma su ‘responsabilidad de proteger’, tal y como las NNUU entiende este concepto.
El intelectual francés, uno de los líderes del Mayo del 68, es ampliamente conocido por sus posiciones contra las atrocidades perpetradas por gobiernos autoritarios  y represores en el mundo, como el de Putin, o en su momento, el de Milosevic en la antigua Yugoslavia.
El deber del mundo con Venezuela” es el título del artículo (Project Syndicate).
Allí, Levy, primero, pregunta a su compatriota, el populista radical J. L. Melenchon, quien aún sigue cantando loas al régimen asesino chavista, cuándo va a admitir el horror venezolano y el desastre económico y social en que han sumido a un país con tantos recursos, que en materia de inflación está  compitiendo con la tasa de inflación de Zimbabue o la Alemania de Weimar.
Según Levy, NNUU, en aplicación del principio de protección, debería enviar una señal fuerte al gobierno de Maduro para que pare la violencia contra su pueblo; y a tal propósito el Consejo de Seguridad necesita mostrar el coraje de emitir una declaración de condena contra ese régimen.
Por otro lado, pide a todos los países que muestren su solidaridad con el parlamento venezolano y que se acuerden severas sanciones económicas y financieras.

Levy afirma: “La situación en Venezuela debería preocupar a todos los países que tienen interés en la lucha contra el terrorismo y las redes de lavado de dinero que lo financian”.

Igualmente, subraya los peligrosos vínculos del gobierno chavista con Bashar al Assad de Siria, Corea del Norte y el grupo Hezbollah.
Todos estos graves asuntos, para Levy, deberían obtener respuestas urgentes de parte de la comunidad internacional, que hasta hace poco tiempo no había tomado cartas en el asunto.
Ciertamente, la preocupación de Levy es legítima y  su planteamiento sobre la responsabilidad de proteger establecido por las NNUU es pertinente. Debemos recordar que esta obligación de la comunidad internacional ha sido reiterada. En el mundo de hoy se ha establecido como principio el deber y el derecho de injerencia que tendrían las organizaciones internacionales frente a las violaciones masivas de los DDHH, y Venezuela, sin duda, se encuentra en una situación de tal naturaleza.
Por razones de defensa y preservación de la democracia, la injerencia es lícita. Los organismos internacionales lo han establecido en sus normativas y tiene carácter vinculante. Las NNUU, la Unión Europea, Mercosur, la CAN, la Alianza del Pacifico, entre otras,  contienen la llamada cláusula democrática que ampara a los pueblos frente a gobiernos tiránicos.
Casualmente, otro “nouveau philosophe”, André Glucksmann, expresa muy bien tal derecho: “Cuando un régimen somete a su población al suplicio, las sociedades felices tienen, sin duda, el derecho de intervenir mediante la palabra y la escritura; mediante asistencia, desde luego; mediante presiones diplomáticas o financieras, por supuesto; y mediante armas, si es necesario”. 
La normativa de las NNUU sobre los Derechos Humanos y la Democracia constituye una disciplina imperativa, vinculante, para los miembros de esa institución. Pero ella debería estar fundamentada tanto en una voluntad política y como en una moral, sin las cuales no será eficaz. Ya varios países (12) del hemisferio dieron un paso que se concreto en la Declaración de Lima y las consecuencias de esta no se harán esperar.
Lleva razón Bernard-Henri Levy cuando resalta el deber que tiene la comunidad internacional de poner su mirada sobre lo que está sucediendo en Venezuela. Y esto implica adoptar medidas que logren doblar el brazo a la tiranía chavista, y la hagan consentir en un proceso de negociación que permita a recuperación de la institucionalidad democrática y las libertades.
Estamos aun a tiempo de frenar una deriva infernal que podemos lamentar todos, no solo los venezolanos. Pero lo que está muy claro es que la barbarie no puede escudarse en el principio de independencia o soberanía de los Estados, de alli el deber que enfatiza Levy.

viernes, 4 de agosto de 2017

MADURO, MÁS SOLO QUE LA UNA


El repugnante palmarés del gobierno militar-cívico del tirano Maduro no sólo se evidencia en su espantoso gobierno, también se expresa en su pertenencia al exclusivo y reducido grupo de regímenes que han sido repudiados y sancionados por la comunidad internacional, lo que le ha llevado a un aislamiento en el mundo sin precedentes.
El gobierno venezolano está acorralado. En lo político y lo económico. Aparte de unos países sin peso ni influencia en el entorno mundial, en su mayoría desacreditados, no tiene soporte alguno. Porque decir que Rusia o China lo apoyan es solo eso: un decir, cuya base es endeble, que depende de los vaivenes de la geopolítica y de los intereses crematísticos, muy volátiles y cambiantes.
A lo interno, está claro que tiene el desapego de más del 80% de los ciudadanos, según las mediciones de las encuestadoras serias. El hambre, la inseguridad, la ruina de los servicios públicos y las necesidades de toda naturaleza son las razones de tal aborrecimiento.    
El gobierno es inviable. Desde hace meses está decretada su muerte por inanición. No tiene opciones de supervivencia en el marco de sus desquiciadas políticas. Las fuentes de financiamiento se le cerraron, no tiene a quien recurrir, a menos que siga rematando al país a precio de gallina flaca.    
Lo decía en estos días Ricardo Hausmann (“El colapso sin precedentes de Venezuela” en Project Syndicate), la depresión económica de Venezuela (disminución del 40% del PIB, el declive del ingreso nacional es de 51%, ingresos fiscales cayeron en un 70%) es más aguda que la de la Gran Depresión de 1929 y mayor que la de países destruidos por la guerra como Ruanda o Sudan del Sur, más recientemente. “La catástrofe de Venezuela eclipsa cualquier otra de la historia de EEUU, Europa o le resto de América Latina“, dice Hausmann.
El gobierno, a medida que pasan los días, va quedando solo. Los organismos de los DDHH de la ONU y de la OEA andan alarmados por los desmanes que están cometiendo las fuerzas armadas contra manifestantes que solo piden libertad y elecciones libres. Muy preocupada, la dirigencia de la Unión Europea no deja de manifestarse casi a diario en relación con nuestra crisis e insta al gobierno a que negocie con la oposición democrática, libere los presos políticos y llame a elecciones. La mayoría de los gobiernos de nuestro hemisferio hacen otro tanto.
En Mercosur los países miembros están a punto de tomar decisiones severas con base a los Protocolos vigentes sobre Democracia y DDHH, lo cual podría acarrear la expulsión definitiva de Venezuela de ese bloque comercial.
Decenas de expresidentes piden que en Venezuela se restablezca la democracia y las libertades y denuncian las atrocidades de lesa humanidad perpetradas por los esbirros del régimen de Maduro y sus secuaces.
El gobierno está aislado mundialmente, está como la una. Es una suerte de leproso internacional. Su fraudulenta constituyente no será reconocida. Sólo pocos gobiernos y grupos políticos cegados por la ideología y los negociados lo respaldan.
La verdad se está imponiendo. Nos acercamos a un desenlace que deseamos se lo más pronto. Aun cuando hay muchas y fuertes razones para impacientarse, lo prudente y eficaz es perseverar en lo que han sido los postulados fundamentales de la estrategia de la oposición democrática: cambio constitucional, democrático, electoral y pacífico. Esta es la garantía de victoria definitiva.
Sin abandonar la protesta y la movilización ciudadana, debe actuarse en todos los tableros, incluso en el electoral, más allá de que la institucionalidad en este campo esté subordinada al gobierno.

EMILIO NOUEL V.  

sábado, 29 de julio de 2017

UNA LECCIÓN DE MITTERAND EN ESTA HORA AZAROSA

Pensando en nuestra penosa y angustiosa circunstancia política, cuyo desenlace desconocemos aunque lo sintamos próximo, he llegado a sentir que los odios y la venganza están tomando pavoroso vuelo, y que eso nos podría conducir al infierno.
Las escenas de represión aterradoras, la saña de los militares y otros cuerpos de seguridad que nos muestran las redes sociales a diario, nos reafirman esos escalofriantes temores.  
Sí, pensando en tal probabilidad, recordé uno de los últimos discursos de un gran estadista europeo, ya ido: François Mitterand, ex presidente de Francia.
A él –permítanme una referencia personal- tuve la suerte de verlo y oírlo de cerca, en una reunión en Miraflores, en 1989. Me había tocado participar en la negociación de un convenio bilateral con el Ministerio de Finanzas de Francia, que fue firmado en tal encuentro en Caracas con el presidente C. A. Pérez. 
Había seguido por mucho tiempo, la trayectoria de este gran político, cuya figura estuvo presente por muchas décadas en la política de su país, colocado en posiciones cimeras y decisorias. Sentí siempre una admiración por el político que fue, más allá de lo ideológico. Reconocer su valor es obligado, y ante su sabiduría y experiencia no se podía ser indiferente.
Decía que de él evocaba una intervención pública ante el Parlamento Europeo un día de Enero de 1995, en la cual tocó el tema de las guerras europeas que a su juicio eran producto, sobre todo, de los nacionalismos exacerbados, el de creerse, desde una nacionalidad cualquiera, superiores a los otros. Es célebre su frase, expresada de manera enfática en tal ocasión: “¡El nacionalismo es la guerra!”.
En el discurso en cuestión decía que había pasado su infancia con familias desgarradas que lloraban sus muertos y guardaban un rencor y odios contra el que había sido su enemigo. 
Sin embargo, Mitterand afirmaba que a pesar de tanto dolor, separación  y muerte debía dejarse de transmitir el odio, y más bien habría que abrir la posibilidad de la reconciliación entre las naciones. “Uno tiene la audacia de imaginar lo que podría ser un porvenir más brillante fundado en la reconciliación y la paz.”
Era un hombre que había podido experimentar el horror de la guerra; de allí su rechazo inequívoco a ella. Pero no había sido en ésta -afirmaba- en la que había alcanzado tal convicción, sino en su propio hogar, donde las virtudes de la benevolencia y la humanidad le fueron inculcadas.
En momentos en que nuestro país pudiéramos estar bordeando la posibilidad del espanto que podría traer una guerra fratricida, como consecuencia de la conducta de unos gobernantes bárbaros e inconscientes, habría que recordar la experiencia amarga de otros pueblos para evitar, así, sumergirnos en un infierno similar o peor.
Sé que tal eventualidad no depende sólo de los que queremos solucionar nuestra crisis de manera pacífica.
Hemos demostrado hasta con la ofrenda de vidas de decenas de jóvenes, nuestra voluntad de resolver nuestra tragedia por las vías civilizadas.
La pérdida de esas valiosas vidas y las consecuencias emocionales que conlleva, no son fáciles de asimilar y superar. Comprendemos el dolor, la rabia y la impotencia que genera llevar tal carga.
No obstante, ese profundo pesar no puede hacernos caer en lo que unos gobernantes enloquecidos quieren, consciente o inconscientemente: la aniquilación del adversario político, mediante una guerra. No son pocos los que desde fuera de nuestro país están viendo un peligro de conflicto violento entre nosotros.
Estamos obligados política y moralmente a rechazar esa deriva demencial, agotando todos los recursos y medios (diálogos, negociaciones, mediaciones) para impedirla, antes de que sea muy tarde.  
Imaginemos, mas bien, con Mitterand, un futuro brillante de reconciliación y paz, sin que ello comporte renunciar a defender y ejercer nuestros legítimos derechos, y luchar por un nación próspera y pacífica.

Pero poniendo por delante todas las salvaguardias que cierren el paso a la violencia de todos contra todos. Simplemente, no dejemos que la lógica del odio y de la muerte se impongan en una sociedad que merece otro destino. 

EMILIO NOUEL V.



jueves, 20 de julio de 2017

16J DEMOCRÁTICO VS CONSTITUYENTE ESPERPÉNTICA


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Se puede palpar, sin mucho esfuerzo, la dimensión histórica descomunal de la consulta popular que tuvo lugar el 16J en Venezuela.
Este evento político no tiene parangón, por lo original, inusitado. Los venezolanos fuimos,  al mismo tiempo, privilegiados actores y espectadores, de este hecho inédito, cuyo fundamento, justificación y valor superior son eminentemente políticos, más allá de lo numérico, que también fue excepcional.
El resultado exitoso alcanzado es el fruto de una iniciativa puesta en práctica por una dirigencia política y social que ha venido dejando la piel ante un entorno hostil y desfavorable. Partidos y sociedad civil, en virtuosa comandita, actuaron en función del interés de toda la Nación.
El extraordinario número de personas movilizadas, siendo un enorme logro, es menor al  positivo efecto cualitativo en términos de moralización y autoestima de las fuerzas democráticas. El ADN libertario del venezolano, de nuevo, se manifestó sin ambages, categórico, derrotando los obstáculos, la propaganda engañosa y las amenazas lanzadas desde el gobierno.  
La dictadura militar-cívica ha recibido un varapalo contundente. Alrededor de  7 millones y medio de ciudadanos rechazan no solo su ejecutoria autoritaria y desastrosa, sino también sus intenciones de perpetuarse en el poder.
No hicieron falta ni milicos ni ley seca, ni siquiera el arbitrario y sumiso mamarracho que es el CNE, para que la mayoría democrática del pueblo venezolano se pronunciara contra el gobierno militar-cívico.
El 16J el pueblo se expresó también por la constitución de un nuevo gobierno de transición o de unidad nacional que nos saque del calamitoso y destructor que nos agobia.
Los lineamientos (Compromiso de gobernabilidad) que seguiría ese nuevo gobierno los presentó la MUD ya, en el marco de la agenda de lucha que está en curso.
 Pero lo más importante es que una millonada de ciudadanos se oponen a la inconsulta e inconstitucional constituyente convocada, que, además, se preanuncia esperpéntica, si nos atenemos a los candidatos que se promocionan con los dineros de todos a través de los medios.
Sí, de instalarse tal asamblea, tal adefesio, estaría conformado por freakys, ignorantes, ágrafos, cuando no, farsantes y/o delincuentes. Esa Corte de los Milagros sólo podría producir un despropósito mayor, que nos hundiría  más en el caos y la miseria.
El 16J, un aplastante número de venezolanos dejamos en claro que es con mecanismos democráticos y pacíficos que deseamos corregir el mal rumbo que ha seguido el país durante 18 años.  Que aspiramos a un gobierno que reconstruya a la Nación y lo encamine por senderos de prosperidad para todos.
El señor Almagro de la OEA, muy bien lo señala en su Tercer Informe sobre la crisis venezolana, presentado esta semana:
“La Consulta realizada representa un verdadero ejemplo de vocación cívica y de democracia directa ejercida por los venezolanos a pesar de los crímenes de la represión del Estado. El pueblo se expresó a favor de recuperar sus libertades fundamentales y el Estado de derecho. Dio, además, una profunda lección a gobernantes y oposición; está en manos del pueblo encontrar los caminos que saquen a Venezuela de la crisis política, social y económica en la que se encuentra”.
En efecto, nuestro pueblo habló y expresó su disposición a resolver la crisis por mecanismos civilizados. Sólo aspiramos a que en el mundo se produzca una acción concertada, firme y eficaz, que termine de doblar el brazo a un gobierno tiránico, obligándolo a negociar los términos de un arreglo que ponga fin a tanto infortunio, infelicidad y muerte en nuestro país. Ojalá los últimos movimientos que se están dando en el seno de la comunidad internacional nos conduzcan a buen puerto.


EMILIO NOUEL V.