jueves, 19 de abril de 2018

  CORRUPCION, MILITARISMO Y DEMOCRACIA 

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En los últimos tiempos, la corrupción ligada a la política, en el mundo y nuestro entorno hemisférico, se ha vuelto un asunto de grandes dimensiones y sobre el cual no podemos ser indiferentes. No solo por tratarse de un tema de carácter moral y/o legal, sino también porque sus efectos económico-sociales son, las más de las veces, nefastos.
La reciente Cumbre de la Américas en Perú la tuvo como tema central, vinculándolo con el  tema de la gobernabilidad.
Hace un tiempo atrás decía en un ensayo (“Corrupcion global y regulaciones internacionales” incluido en el libro Nuevos Temas de Derecho Internacional, Libros El Nacional, 2006), que la corrupción resulta imposible erradicarla de manera total y definitiva y que habrá que convivir con ella, pues los hombres no son ni serán ángeles; por lo tanto, harán falta gobierno y controles que busquen reducirla o llevarla a su mínima expresión, incapaces como somos, de acabarla.
Recordaba entonces aquello que decía Hayek de que el hombre no solo sigue reglas, también persigue fines, y que en posiciones de poder, a mi juicio, se aparta de aquellas y sucumbe, en mayor o menor grado, ante la tentación de obtener beneficios ilícitos, individuales o de grupo, echando mano a prácticas administrativas reñidas con la ley.  
Pareciera que nuestros pueblos se han ido concienciando respecto de la conexión íntima y directa entre corrupción, tanto privada como pública, y la carencia de bienestar. Los estudiosos de este tema lo han documentado con cifras, demostrando como repercute en los niveles de desarrollo y crecimiento, y amenaza las bases de la economía mundial, la competencia, las inversiones y el comercio.
Para nadie es un secreto que en nuestro país, Venezuela, la corrupción se ha potenciado en tiempos recientes a niveles insospechados.
Los enormes ingresos petroleros recibidos por el gobierno venezolano, que hoy es más militar-cívico que cívico-militar, han tentado a funcionarios inescrupulosos, que se han enriquecido de la manera más obscena posible.
Las múltiples denuncias al interior del país y las que vienen desde fuera lo corroboran. Las pruebas e indicios sobran. Mientras en otros países se enjuician y encarcelan a los delincuentes que han desfalcado al erario público, como lo vemos en el caso de la transnacional de la corrupción,  Odebrecht, en el nuestro la impunidad es escandalosa, sobre todo, cuando han sido señalados con nombre y apellido los involucrados en esta suerte de internacional, que hemos llamado Corruptos sin fronteras.
Al frente de los Ministerios más importantes y de las principales empresas públicas nacionales han estado y están militares activos y/o en situación de retiro.
Las cifras de su participación determinante en todas las áreas de nuestra economía están suficientemente documentadas por investigadores independientes, basta revisar la Gaceta Oficial.
Los militares que prácticamente controlan el gobierno de nuestro país, enarbolan una ideología militarista mesiánica, que impuso Hugo Chávez.
Ello se ha concretado en leyes, definiciones de políticas y decisiones administrativas. Los militares tienen empresas bancarias, de seguro, de medios televisivos e impresos, de extracción de minerales y de distribución de alimentos, entre otras.
Los resultados desastrosos de esta administración militar están a la vista. Más allá de la incompetencia y la ignorancia, la inmoralidad administrativa es lo que impera. Los que con seguridad no están en la misma situación lamentable son sus bolsillos.  

En el ámbito internacional se han tomado medidas y se anuncia otras de carácter multilateral sobre el caso particular de Venezuela. El Secretario del Tesoro de EE.UU, S. Mnuchin, declaró el 19-4-2018, que son necesarias acciones concretas para restringir la capacidad de corrupción de los funcionarios del gobierno venezolano y de sus redes de apoyo, que abusan del sistema financiero internacional, y en tal sentido, hace saber que los países occidentales acordaron fortalecer la cooperación internacional para intercambiar información a través de canales apropiados sobre los activos propiedad de aquellos
Algún día, espero que pronto, llegará implacable la justicia para enderezar este estado general de corrupción. Cuando retorne la democracia se dispondrá de todo lo que corresponda para enjuiciar a los culpables de nuestra desgracia actual.


EMILIO NOUEL V.   

miércoles, 11 de abril de 2018

                            EL TAPARRABOS DE “BAMBI”  

                                          
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Santo de mi devoción nunca fué. Siempre me pareció un político sin brillo, ni carisma, uno más  del montón que solemos encontrar entre los aparatchiks de los partidos políticos. Su lamentable ejecutoria gubernamental en España vino a corroborar mis barruntos previos.  En efecto, “Bambi” Zapatero no dio la talla, y el que quiera pruebas asómese a las fuentes imparciales que recogen las cifras económicas deplorables que dejó su mandato.
Eran vox populi las simpatías y conexiones del señor Zapatero, como presidente de gobierno, con el chavismo. Hasta su embajador y un hijo de éste son señalados como participes en negocios turbios aun no bien aclarados.
No obstante, cuando el gobierno de Maduro anunció que el personaje serviría como una suerte de mediador o intermediario, junto a otros dos ex presidentes también amigos de aquel, para dialogar y/o negociar con la oposición democrática venezolana, lo vi con buenos ojos; valía la pena hacer esa apuesta, incluso con las reservas del caso, pañuelo en la nariz mediante. La paz bien vale el mal rato.
Y mis buenos ojos no eran porque considerara a los 3 personajes como actores  imparciales ante la crisis nacional,  obviamente que no; sino porque me parecía que el gobierno, al menos por interpuestas personas, tendría una representación con la cual sentarse a hablar preliminares, una suerte de correveidiles que pudieran ser útiles en una eventual negociación, a mi juicio, necesaria para dar una salida pacífica y democrática a nuestro aparente cul de sac.
Las vicisitudes y el resultado fallido de tales tratativas -si es que podemos llamarlas así- todos los conocen.  Algunos llegamos a ver en ellas una posible solución, pero terminamos defraudados.
Un gobierno tramposo, que no tiene palabra, ni una pizca de moral, fue el causante directo del fracaso. Por eso falta a la verdad, con su cara muy dura, el señor Zapatero, cuando viene ahora a acusar a Julio Borges por no haber suscrito un acuerdo inaceptable en el que se complacía las aspiraciones del gobierno y se soslayaban demandas  razonables de la oposición.   
La dirigencia democrática hizo el esfuerzo de explorar una solución negociada, era lo correcto, a pesar de los cuestionamientos irracionales de sectores extremistas de la oposición.
Aunque la performance de aquella dirigencia pueda ser criticada por algunas pifias, en la intención y en su consistencia con la estrategia y principios, no.   
Presionar para que tuviera lugar una negociación seria, que abriera cauces a una salida política que nos sacara del marasmo en que estábamos y aún estamos era lo conducente. No se podía firmar un acuerdo en el que ni siquiera condiciones electorales mínimas  estaban garantizadas, más allá de generalidades poco concretas, de promesas de quienes no las honran nunca. No había allí ninguna concesión de parte del gobierno significativa y clara. Representantes de  varios países fueron testigos de excepción de ese resultado y de la conducta bribona del gobierno.
Sin embargo, el gobierno consiguió en la oposición quien bailara al son electoral fraudulento que tocaba, y desde una posición y voluntad clara de no entregar el poder, como ya lo han declarado sin ningún pudor.
Así las cosas, entre otros, quisieron vendernos un imposible: la participación de un organismo internacional para que diera su visto bueno a la farsa, pero soslayando y/o ignorando que ese ente tiene sus procedimiento y tiempos cuando de esos asuntos electorales se trata.
Al declinar la ONU su participación, como nos adelantamos a vaticinar, salieron algunos descaminados a decir que era por culpa de la oposición tal negativa. Como si la MUD o el Frente Amplio, tuvieran tal poder que pudieran ordenar a las 5 más grandes potencias del Consejo de Seguridad o a los doscientos y pico de países de Naciones Unidas, que no vinieran.  Definitivamente, la ignorancia es bien atrevida en algunos. Son los mismos que declaran muy serios, sin que el bigote se les mueva, pero haciendo un gran ridículo, que si no votamos el 20 de Mayo, al día siguiente nos invadirían los marines.  
Son los que viven ponderando al inefable Zapatero. El que ahora tiene el tupé de proponer -con seguridad siguiendo las instrucciones de su mandante Maduro-  un acuerdo para el día siguiente a la farsa electoral de Mayo, a sabiendas, por supuesto, de cuál será el desenlace de ese proceso espurio.
Felipe González ha estado muy claro, desde su sabiduría política y experiencia, respecto de la situación venezolana y del rol que ha jugado su compañerito de partido. Le ha pedido a Henri Falcón que no sirva de taparrabos de Maduro, y haría bien este último en pensar tal consejo.
Su participación en el proceso que nos ocupa no va a legitimar lo ilegitimable, por más que esa sea la intención. Sé que entre sus cálculos está que los 3 millones que saque o más, le servirán para presentarse como el líder de la oposición para negociar el acuerdo que ya anuncia Bambi Zapatero para el post 20M. Como quiera que todo vale en política, le deseamos mucha suerte en ese plan, del que se arrepentira
Por lo pronto, a los ciudadanos de a pie no nos queda otra que seguir presionando, en sintonía con la comunidad internacional, para que el gobierno o se vaya por sus propios pies, o mediando una negociación que desencadene un proceso de transición política hacia la democracia y la libertad plena. Por supuesto, siempre en la más amplia unidad posible.
EMILIO NOUEL V.   
    

viernes, 6 de abril de 2018

EE.UU  VS CHINA: UNA GUERRA COMERCIAL QUE APENAS COMIENZA


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Colocarse por encima de las terribles cosas que nos tienen amargados en nuestro país y voltear la mirada hacia otros asuntos de envergadura global e importantes, quizás sea lo más conveniente a veces a los fines de preservar hasta cierto punto la salud mental y física personal. 
Olvidémonos, entonces, por un rato de la hiperinflación que nos agobia, la inseguridad que nos mata, del gobierno que destruye el país y de la lamentable división de la oposición democrática, y comentemos la nueva guerra comercial internacional que ha desatado la ignorancia y/o el desquiciamiento de un mandatario, que para mayor gravedad, está al frente de la potencia más grande del planeta.
Por ahora, la tensión mayor es la que protagonizan EEUU y China, las economías más grandes. Pero la proyección de esa confrontación tiene alcances universales.
Las negativas consecuencias para todos no se harán esperar, incluso para el país desde donde se desencadena esta guerra. Desde el año pasado el Peterson Institute viene advirtiendo de los efectos negativos que lo prometido en campana electoral tendría en la economía norteamericana y en la global.
Recientemente, el economista canadiense Pierre Lemieux decía que resulta una ironía que quienes eligieron a Trump serán las primeras víctimas del nuevo proteccionismo estadounidense. Y lleva razón, sin duda.
La ceguera de este presidente en materia económica turba a cualquiera. Pero no es solo eso. También es el caos que ha creado al interior de la Administración de la Casa Blanca, y, además, la conducta errática que ha tenido frente a temas puntuales de las relaciones internacionales de ese gran país.  
Los consolidados contrapesos de que dispone la institucionalidad norteamericana, hasta ahora no han sido del todo efectivos ante los disparates del señor Trump. Está avanzando en lo que prometió en su campaña electoral a pesar de que incluso algunos creían que era mera retórica para ganar votos.
Pero volviendo a lo comercial, las repercusiones reales son aun difíciles de estimar. Recientemente el gobierno de EEUU publico una lista de 1300 productos chinos a los que pondrían tarifas arancelarias de 25%, lo cual representaría 46 mil millones de dólares. Un día después el de China respondió estableciendo su propia lista que cubriría 106 categorías de productos, por un valor de 50 mil millones de dólares.  
Aunque inicialmente tal situación impacto los mercados, muy pronto se recuperaron según el índice S&P.
Algunos analistas han señalado que al ser este un año electoral, Trump quiere demostrar a sus simpatizantes que sigue manteniendo sus promesas en relación con el comercio exterior.
Las medidas sobre el acero y el aluminio han sido rechazadas por empresas norteamericanas. La exclusión de la Unión Europea, México, Canadá y Corea del Sur de las medidas arancelarias adoptadas dice mucho también de las conveniencias geopolíticas.
El comentarista Ian Bremmer  ha asomado que detrás de las medidas contra China  está el acercamiento a Taiwan, lo cual sería un viraje respecto de la política de “una sola China”.  Funcionarios chinos ven esta acción de EE.UU como un intento de restar influencia a China.
Queda aún por verse como terminara este forcejeo que pareciera conducirá en algún momento a una negociación. Ambos países se necesitan mutuamente. Sus vínculos comerciales son intensos y amplios. EE.UU necesita acceso al mercado chino, y China al estadounidense. En el medio están los  mercados automotriz, de acero, aluminio, carne de puerco,  jugo de naranja, soya y tecnología, en los que ambos países tienen interés muy importantes.
Son miles de millones de dólares que están en juego y sectores económicos tanto en Norteamérica como en China dependen de su dinámica.  Estados como Wisconsin y Iowa, cuyo electorado quiere mantener Trump a su lado se verán afectados por la deriva de esta guerra comercial.
Por lo pronto, el mundo estará atento a lo que ocurra a esta “guerra” que apenas comienza.

viernes, 30 de marzo de 2018

VENEZUELA: SI, HAGAMOS POLITICA, PERO NO CUALQUIER POLITICA

La presión y el repudio exterior sobre la tiranía venezolana se mantiene y amplia.
Las sanciones financieras a personeros del gobierno chavista siguen produciéndose.
El cerco aprieta más y más. La Comunidad internacional, los países democráticos que la conforman, no cesan en su empeño de provocar un cambio político que ponga fin a una crisis inaudita, que genera problemas a países vecinos, como fue múltiples veces advertido por los analistas.
La maniobra del gobierno de llamar a elecciones fraudulentas en mayo pretendiendo con ello limpiarse el rostro fascista ante el mundo, y buscar reconocimiento que lo legitime, no le dará resultado, a pesar de la participación en ella de algunos que han decidido acompañar acríticamente la política del gobierno y bailar el son electoral que aquel ejecuta, no obstante que las condiciones son aún peores que las anteriores elecciones y hay una evidente voluntad de no entregar el poder.
Primero fue EE.UU, luego Mercosur, la Unión Europea y Canadá, ahora es Suiza, el estado de Florida y Panamá los que imponen sanciones. Las razones en cada caso son similares. Violaciones a los Derechos Humanos, deterioro del Estado de Derecho, corrupción, blanqueo de dinero y narcotráfico.  
Ante estas graves medidas el gobierno se muestra desafiante tratando de minimizar los efectos, cuando en el fondo anda en extremo mortificado y asfixiado, buscando de donde asirse para sobrevivir financieramente.  A  lo sumo, lanza un manido discurso, las mentiras de siempre, las aburridas acusaciones que a nadie convencen.   
Estas sanciones, en definitiva, son presiones que han ido escalando con un propósito claro. Es la parte de la llamada “tenaza” externa que se cierne sobre los tiranos que destruyen a Venezuela para que se avengan a una solución negociada.
Pero la tenaza no será eficaz si la presión interna no aprieta también.  Esta debe ejercerla la sociedad civil organizada, los partidos, gremios, las iglesias, sectores empresariales, sindicatos, la institución militar, en fin, los venezolanos que mayoritariamente desean con urgencia un cambio de gobierno, una recuperación de la democracia y las libertades.
La presión externa e interna a la vez debe provocar, obligar, al gobierno a aceptar una salida preferiblemente electoral, con todas las garantías necesarias. Es la única forma pacífica y deseable de lograrlo.
La movilización en todos los espacios públicos se impone. La inacción, la pasividad, no es la actitud.
Queremos votar, si, pero no en los términos electorales en que el gobierno ha diseñado el proceso, volviéndolo más ventajoso para él, y cuyo resultado no es nada difícil prever, por más que el voluntarismo ciego de algunos quiera negarlo, basados en encuestas que supuestamente adelantarían resultados ineluctables, pero desdeñando las triquiñuelas ventajistas del gobierno, la débil organización, millones votos emigrados, entre otras grandes carencias y obstáculos, que la lamentable desunión de la oposición trae consigo.   
El voto, siendo el arma por excelencia de los demócratas, en las actuales circunstancias se ha vuelto inservible. No es, por tanto, la única opción política. Simplemente porque el voto no es un dogma para todo tiempo y lugar, desdeñando el hecho muy probable en Venezuela de que el voto no se refleje en el conteo final, y sobre todo, si no se tiene un aparato organizativo en Unidad para defenderlo y demostrar eventualmente una trampa.
Es posible adelantar con convicción y determinación una política alternativa, que definamos y ejecutemos en una amplia Unidad. Una política coherente, no dictada por la desesperación,  que ponga en sintonía la presión nacional y la internacional. Que goce, obviamente, de un vasto apoyo exterior. Que sea impulsada sin dilación por todas las fuerzas sociales organizadas activamente.

EMILIO NOUEL V.    

miércoles, 7 de marzo de 2018

QUE ESPEREN BIEN SENTADOS LA VENIDA DE LAS NN.UU A LA FARSA ELECTORAL CHAVISTA 

                                            
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En el marco del acuerdo de “garantías electorales” al que habría llegado el ex gobernador Henri Falcón con Maduro de cara a las elecciones ilegitimas y viciadas del mes de Mayo próximo, se señala la supuesta participación de las Naciones Unidas en el evento.
En ese documento se habla de negociar un acompañamiento de esta organización, no de realizar una observación electoral, como debe ser, la cual implicaría una evaluación de la integridad del proceso o una validación del mismo, tal y como lo establecen los criterios de la NNUU.
Falcón ha subrayado este asunto en algunas de sus entrevistas, y ha dicho que eso constituiría una mejora importante en las condiciones electorales. Como si tal acompañamiento seria garantía de algo.  
Debo recordar al ex gobernador, que las NN.UU sobre el tema electoral ha establecido unos principios y procedimiento a seguir.  
Ese ente internacional, a través de su División de Asistencia Electoral (DAE), presta, por un lado, asistencia técnica para construir sistemas electorales “creíbles y sostenibles”, y por otro, su concurso en la observación y evaluación de procesos electorales concretos. La figura del “acompañamiento”, que el ex gobernador pondera como avance, no existe. 
En el caso de la observación, el país interesado, es decir, la autoridad gubernamental corresppondiente,  deberá hacer una solicitud con 4 meses de antelación a la fecha del evento electoral, y la aprobación de tal pedimento lo hace nada menos y nada más que el Consejo de Seguridad o la Asamblea General de la organización.
Claro, ha habido casos especiales, en que tal plazo se ha soslayado y solo se envía un representante cuyo informe es considerado “insustancial”,  simbólico, toda vez que una valoración integra del proceso en cuestión debe cumplir unos requisitos sustantivos que en estas situaciones excepcionales, obviamente, no pueden cumplirse.
Así que si las NNUU vinieran a las elecciones venezolanas, cosa que dudo mucho que suceda, no podrían hacer ninguna valoración seria y responsable acerca de ellas, ni siquiera emitir una opinión.
Por otro lado, en días pasados, un funcionario que está a cargo de uno de los departamentos que formaría parte eventualmente de misiones de observación electoral, el Alto Comisionado de los DDHH, señor Al Hussein, ha declarado sentirse alarmado sobre la situación de violación de los derechos humanos en nuestro país y afirmó que no se reúnen “las mínimas condiciones” para celebrar elecciones presidenciales.  Mal podrían entonces prestarse las NN.UU a participar, habida cuenta de tal opinión y del trámite que hay que adelantar.
Si el señor Falcón está contando con ello, le recomiendo entonces que espere bien sentado la participación de ese organismo internacional.  
Mientras tanto, que se baje de esa nube y vaya preparando el discurso de la derrota; será como el que pronunció al perder por bastante diferencia en su Estado hace varios meses. Ténganlo por seguro, aun en la muy remota carambola de que pudiera ganar las elecciones, el gobierno no lo reconocería. Y no tendría ni siquiera como demostrar la trampa, hasta Smarmatic tomó las de Villadiego. Tendrá el mismo destino que Andrés Velásquez en Bolívar, cuyas actas de elección que le daban el triunfo no valieron para nada ante la arbitrariedad y la impudicia del gobierno.  
El acuerdo que firmó con Maduro no da garantías reales de nada. No nos engañemos, ni se engañe a pobres incautos ciudadanos que andan desesperados deseando salir de la tragedia que nos agobia. Como dicen por allá en Yaracuy: el que vive de ilusiones muere de desengaños.
Ojala que los que andan vendiendo fantasiosos e imposibles triunfos, recapaciten y se incorporen de manera unitaria a la lucha ciudadana por lograr justas y transparentes condiciones electorales.


EMILIO NOUEL V.